Madrid tiene esa magia: entras solo a un bar y sales con un grupo de amigos, con un par de copas de más y con la certeza de que, por unas horas, perteneciste a algo.
Anoche, un italiano de unos cincuenta y tantos años entró en en el local en el que estaba con un grupo de amigos y pidió, con la ayuda torpe de Google Traductor, "una copa de vino y algo rico para comer".
Estaba recién aterrizado en la ciudad, aquí por un curso de criminología, con el check-in del hotel aún caliente y la timidez de quien pisa suelo desconocido.
Me dio ternura. Me acerqué con mi mejor itañol y en menos de lo que se tarda en decir salute, Donato —así se llamaba— ya era uno más en nuestra mesa. Madrid hace eso: te adopta.
Hablamos de todo, arreglamos el mundo entre copas y risas, y en algún momento de la noche, el hombre, conmovido, nos invitó a una botella de vino.
Lo único que quiero es que Donato vuelva a Italia contando maravillas de España, de su gente, de cómo aquí un desconocido entra a un bar y termina brindando con nuevos amigos.
Porque España no es solo un país, es un gesto: el de hacer sitio en la mesa, el de brindar sin prisas, el de decirle a un extranjero "anda, vente con nosotros".
España se hace. Y se hace así.
There is no Fox Marvel Universe or MCU without Blade first creating a market. He’s Marvel Daddy. Please retweet for a Logan-like send off. #DeadpoolAndWolverine
Tras Eurovisión llega la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París.
Europa se hunde sin remisión.
El resto del mundo se debe estar partiendo de risa ante nuestro imparable declive.
Es comprensible que nos vean tan decadentes, débiles y vulnerables que nos quieran invadir y reemplazar.