Me dijeron muchas veces que debía ser más malo o tener más malicia, pero no puedo. Aún cuando me han fallado, sigo creyendo en las personas y amando de verdad. Supongo que Dios simplemente me dio un corazón que no sabe hacer daño.
Yo tengo el don de hacerme querer, a donde vaya siempre se encariñan conmigo y le doy gracias a Dios por esa virtud, se siente bien saber que siempre dejo una huella en cada corazón y que si me voy, sé que me van a extrañar.
Me duele ver cómo mujeres tan nobles entregan su luz a hombres que no saben cuidarla, mientras otros, con el corazón lleno de amor, esperan en silencio ser elegidos.