“¡HA! Mira, te voy a llamar Cher. Nabo me gusta, pero no quiero chistes hacia mi persona, solo los hago YO.” Le dio un toquecito en el pecho, alzando una mano para ello, pues el lobo era puñeteramente alto para lo pequeñaja y escuálida que era ella.
“Vale, ¿y a qué has +
— ¿Te gustaría llamarme mondadientes?
Le guiñó un ojo, a saber por qué y esperó a que se colocase bien para tenderle la diestra.
— Me llaman Chernabog, pero puedes llamarme Cher. O Nabo. También puedes llamarme Monda.
“No lo estoy tocando con la mano, así que... ¡no!” Con una pirueta, aterrizó en el suelo y movió su cabeza hacia los lados, haciendo sonar los cascabeles de su gorro.
“¿Y tú quién eres? ¡Ah! Seguro que te llamas Montadientes.” Se encogió de hombros. “Y si no, te llamo así.”
“¡Eh!” Responde de vuelta, mientras hace flotar el palillo entre una lucecilla azulada.
“No te esperabas eso, ¿eh? He-he-he. Hay que estar más atento, lobito feroz.”