Tener que volver a coger el lápiz por el fuego que tiene dentro, como si fuera un volcán a punto de estallar, necesitando sacar todo lo malo que guarda en su epicentro, arrasando con lo que se vaya poniendo delante del solar.
Por fin el lobito ha encontrado su guía en el firmamento, a quien poder dedicar sus aullidos, los cuales fluyen pero no se los lleva el viento, encontrandose completamente unidos.
Son sentimientos de rabia e impotencia lo que acaban manchando las hojas en forma de palabras, veneno en un estado distinto y preferiblemente en rimas que en cada una de sus gargantas.
Verla volar con sus propias alas, con esa sonrisa preciosa en la cara, esa sonrisa en la que pierdo la mirada, y encontrándome pensando en ella todas las mañanas.