el sábado vi llorar a una joven, es venezolana, mientras comentábamos la noticia de lo sucedido en Caracas, en medio de una conversación trivial de almuerzo. Lleva 10 años en Chile, terminó el colegio, la universidad acá, fue becada para un estudio complementario en Francia, brillante y carismática. Parte de su familia está acá, sus padres profesionales que se reparten trabajos muy demandantes, parte de su familia está en Buenos Aires, otra en España. Pero todavía, todavía, hay seres amados en Venezuela. Todavía, están esos recuerdos de viajes a la playa, todavía las vacaciones tenían ese sabor maravilloso de volver a casa. Todavía, los compañeros, ahora repartidos por el mundo, tienen esa memoria colectiva de los que crecieron juntos. Lloraba y de pronto nos dimos cuenta, conmovidos, que era miedo, alegría, angustia, rabia. La abrazamos.
Entre la falta de empatía de este drama humano que ha generado que millones de personas no estén en su patria. Ni el enorme racismo castigador, de la imbecilidad de asegurar que cada uno de los venezolanos que viven en nuestro país fuera parte de grupos delictuales y de crimen organizado. De periodistas que preguntan cuando se van, de por qué celebran, de Washington y sus intereses, de dar lecciones morales de lo que sucederá con el resto de los países. Nos olvidamos del daño, del profundo daño, los muertos, los torturados, los exiliados, los presos, la censura, las familias quebradas, la corrupción sin límites de militares y policías. De robar elecciones, de que se diga que es una democracia distinta. No, basta.
El llanto de esta joven venezolana que es mi nuera, merece todo nuestro amor y respeto. No la consigna ni la frase torpe del parlamentario o del que busca portadas, la estupidez que nace del prejuicio más primitivo. Más de 20 años de este drama en Venezuela, y todavía tenemos paneles en matinales para que nos expliquen lo evidente, lo que mueve todo esto es el poder, del petróleo y el oro. ¿Democracia? ¿Sufrimiento de un pueblo?
Leo a muchos que han pasado años quejándose del dictador bigotón y hoy haciendo todo lo contrario, sinceramente son mas estupidos que Alejandro Rendon por lo menos ese ha sido jalabola desde siempre
@ggangix Si en Venezuela estudiaste informática por años, te volviste experto en GNU/Linux y en programación web pero terminaste de delivery de hamburguesas en España, la culpa no es ni del chavismo ni de tu país.
Yo no sé ni estoy calificada para decir si María Corina debería ser merecedora del premio Nobel de la paz. Pero el hecho de saber que en estos momentos el bebé gerber del diablo debe estar ardiéndole el culo de la arrechera me alegra bastante. Suficiente motivo para celebrar.
Marica como hace uno para endurecer el corazón con alguien que te pide ayuda constantemente pero es una persona mala conducta en toda la extensión de la palabra, se le ayuda, se le consigue trabajo, se le vuelve ayudar y así.
CONFIRMADO: Indira Urbaneja ya está instalada en Turquía con su combo familiar completo: papá, hermana y sobrina. No vuelve —según ella— porque le teme a los gringos. Después de tanta lengua a favor del régimen, ahora se esconde con vista al Bósforo. ¿Conciencia, miedo o simplemente el instinto de ratas cuando el barco se hunde?
La muerte de Charlie Kirk debería ser ejemplo a esos “influencers” que monetizan promoviendo el odio, la revancha y la venganza. El odio es un boomerang.