Hace más de 10 años en una clase de posgrado platicábamos si Uber y Airbnb eran el futuro de la económica colaborativa.
Para los más jóvenes, estas plataformas antes eran muy distintas. Nacieron bajo el concepto de utilizar tu tiempo y recursos libres para generar un recurso extra. No para ser un negocio o tu principal fuente de ingreso.
¿Te sobraba tiempo y tenías un auto? Dedícate a hacer pequeños viajes a bajo costo.
¿Te sobra una habitación? Réntala por unos días para generar un extra y que alguien no tenga que pagar hotel.
Esto permitía maximizar el uso de los recursos existentes y generaba beneficios económicos para ambas partes.
Sin embarco, todos sabemos lo que ocurrió. El capital es voraz y hoy en lugar de debatir cómo estás plataformas pueden mejorar nuestras vidas, debatimos cómo hacer para que no las empeoren.