Mi rasgo más tóxico es pensar que si explico algo lo suficientemente bien, la otra persona va a desarrollar pensamiento crítico de manera espontánea 🥹🫠
#Reflexión cuanto más poder tiene una persona, más queda expuesto su carácter por el uso que hace de ese poder.
¿Lo emplea para proteger exclusivamente su ventaja?
¿O puede utilizarlo para producir bien más allá de sí misma?
Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre. Nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica inspiración divina. El discurso religioso debe exhortar constantemente a desarmar los corazones y las palabras. #ViajeApostólico #Francia https://t.co/rhk1KeKrpq
Seguimos trabajando por La Guajira, avanzando con hechos y cumpliendo los compromisos que asumimos con nuestra gente. Cada proyecto es un paso más para cumplir la palabra con el territorio que soñamos🙌🏻
Para no perder nuestra humanidad en medio del “paraíso de las máquinas” que invaden y condicionan nuestra vida cotidiana, es urgente formar las mentes en un discernimiento ético capaz de distinguir lo que es moralmente bueno. Esta exigencia es fundamental para reconocer el bien verdadero que hace crecer al hombre según su vocación primordial, en el respeto incondicional de su libertad interior y de su dignidad sagrada. #ViajeApostólico #Francia https://t.co/VkhRITyCJG
El progreso tecnológico nunca es simplemente una cuestión técnica. Toda tecnología refleja, explícita o implícitamente, una determinada concepción de la persona humana, de la sociedad y del futuro que deseamos construir. El progreso científico y tecnológico, por tanto, debe ir acompañado de un correspondiente aumento de la responsabilidad. Cuanto mayor sea nuestro poder para transformar el mundo, mayor debe ser nuestra capacidad de discernir lo que sirve verdaderamente a la dignidad humana que Dios nos ha dado, de gobernar sabiamente y de cuidar de quienes podrían sufrir las consecuencias más graves de nuestras decisiones.
“La prueba final de la libertad es esta: ¿puedes permanecer siendo la misma persona en el elogio, en el insulto, en la ganancia y en la pérdida?”
— Séneca
Madurar espiritualmente no consiste en necesitar cada vez menos a Dios. Consiste en descubrir cada vez con mayor claridad que nunca dejamos de ser sus hijos: pequeños, contingentes, vulnerables, profundamente amados y totalmente dependientes de Él.
La libertad, entonces, no sería alcanzar la independencia de Dios. Sería dejar de temer nuestra dependencia de Él.
@VickyDavilaH A los colombianos! No al ejecutivo. Ninguna rama del poder público rinde cuentas a otras, porque no se supedita una de otra, son independientes
Hay lugares que no se pueden conocer desde un escritorio, ni comprender a través de una fotografía. Hay lugares que hay que caminar, escuchar y vivir. Porque algunas realidades solo empiezan a entenderse cuando se está allí.
Cuando alguien me pregunta: “¿Por qué los Wayuu son así?”, o me dice que no logra comprenderlos, mi respuesta casi siempre es la misma:
Bájese del carro.
Quédese unos días en una ranchería. Renuncie por un momento a sus comodidades. Camine este territorio. Sienta la brisa golpeando el cuerpo como un látigo. Deje que el sol inclemente le arda en la piel y en el rostro. Olvídese por unos días de las hamburguesas, los restaurantes de cadena y de tener todo al alcance de la mano. Sienta la sed. Sienta los labios secos cuando no hay agua fría esperando a unos metros de distancia. Mire las distancias, los caminos, el silencio y la inmensidad.
Escuche.
Observe cómo se vive, cómo se resuelven las cosas, cómo se construyen los vínculos, cómo se entiende la familia, el territorio y la vida.
Y después, cuando haya vivido siquiera una pequeña parte de esa realidad, vuelva y hágame la misma pregunta.
Quizás entonces descubra que comprender a un pueblo exige algo más que mirarlo desde afuera. Exige acercarse a su historia, a su territorio, a sus condiciones materiales de existencia y, sobre todo, estar dispuesto a cuestionar desde dónde lo estamos juzgando.
Si hay algo que admiro profundamente del pueblo Wayuu, de La Guajira y de su gente, es esa capacidad de permanecer, adaptarse, resistir y seguir construyendo vida incluso en medio de circunstancias extraordinariamente difíciles.
Y si tuviera que resumir buena parte de esa fuerza en una sola palabra, sería:
RESILIENCIA.
Pero una resiliencia que no debe servirnos para normalizar las dificultades que enfrentan, sino para reconocer la enorme capacidad de un pueblo que ha aprendido a sostenerse frente a ellas.
#laguajira #wayuu #vozdelaguajira
Todo lo que nos divide también puede limitarnos. Diferentes equipos, iglesias y partidos políticos terminan exigiéndonos identidades cerradas: pareciera que no nos estuviera permitido coincidir con unos en algo y con otros en otra cosa; ser, pensar y creer fuera de las categorías que ya fueron dispuestas para nosotros. Esta cultura tiende a encerrarnos en espacios cada vez más pequeños, donde resulta más fácil alinearnos, enfrentarnos y dirigir lo que deseamos.
En esas jaulas vamos renunciando a partes de nosotros mismos. Nos autocensuramos, reprimimos lo que pensamos y dejamos de querer por cuenta propia para ajustarnos a lo que el grupo, la familia, la iglesia, el partido, la televisión o las redes esperan que seamos. ¿Dónde terminan todas las frustraciones producidas por esas autocastraciones? Muchas veces, en el consumo.
Una persona libre, consciente de sí misma y razonablemente satisfecha es peligrosa para cualquier sistema que dependa de la obediencia y del deseo inducido. No porque deje de consumir, sino porque ya no consume necesariamente aquello que otros le dicen que debe necesitar. Es más difícil venderle pertenencia, estatus, aprobación o felicidad a quien ha aprendido a distinguir entre lo que verdaderamente quiere y lo que le enseñaron a desear.
Por eso, el sistema de consumo no necesita inventar todas nuestras carencias desde cero. Le basta con reconocerlas, estimularlas y repetirnos que pueden resolverse comprando algo. Los medios y las redes convierten la comparación en insuficiencia; después transforman esa insuficiencia en necesidad. Terminamos deseando la vida que otro exhibe, aceptando como aspiración propia lo que otro posee y recibiendo pequeñas dosis de satisfacción que nunca resuelven la carencia original.
De eso está hecha una vida de limosnas: no necesariamente de pobreza material, sino de fragmentos de aprobación, reconocimiento, pertenencia y felicidad concedidos desde afuera. Alivios breves que calman, pero no liberan. El sistema funciona porque la satisfacción nunca puede ser completa: necesita que volvamos a sentirnos incompletos.
Por eso no diría simplemente que mientras más jodidos estamos, más consumimos. Diría algo más preciso: mientras más desconectados estamos de nosotros mismos, más fácil resulta gobernar nuestros deseos; y mientras más insuficientes nos sentimos, más rentable se vuelve prometernos, una y otra vez, que la próxima compra nos completará.
#ReflexionesPersonales
Con ocasión de la prueba PISA en donde Colombia bajó de 409 a 399 puntos en lectura y de 383 a 381 en matemáticas; ciencias subió de 411 a 414.
¿estamos aprendiendo menos?, ¿las pantallas y la IA están afectando lectura y atención?, ¿qué responsabilidad tienen docentes, familias y sistema?
Los leo…👇🏾
60 años de violencia en Colombia, miles de víctimas, desplazados, familias rotas, sangre derramada de inocentes y aún nuestros pseudo líderes no han aprendido nada. ¿Cuándo saldremos de este bucle? #tristeza y #decepción
La garantia y la promoción al ejercicio pleno de gobernanza del pueblo Wayuu por medio de sus autoridades representativas y de gobierno propio es el camino para la superación del estado de cosas institucionales. Sin una gobernanza intercultural legítima, que reconozca autoridades, familias, territorios y diálogo genuino, no habrá gobernabilidad sostenible; y sin gobernabilidad, las inversiones pueden ejecutarse, pero no consolidarse como soluciones duraderas ni como desarrollo para el pueblo Wayuu. @RegionesCP@MinInterior@CConstitucional #SentenciaT302
El político que nunca se atreve a servir con integridad se vuelve cínico respecto a quienes sí luchan por el bien común. Se burla de la ética, se ríe de la esperanza colectiva, y sin embargo, en el fondo, su desprecio es la máscara de la traición: la vida pública que ridiculiza es la vida que estaba destinado a vivir.