¿Por qué putas no recogen los platos donde almuerzan?
Está claro que hay señoras que trabajan haciendo la limpieza en los centros comerciales pero mk, recoge los puros platos donde comes, o ¿así haces en tu casa?
🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬
Dense la oportunidad de probar el pan multigranos de Natri en el D1. Que vaina tan deliciosa. No tiene azucar añadida, distintos tipos de semillas, suavecito suavecito, esponjoso y sabroso
No abrir la nevera en casa ajena, no llamar después de las 10 de la noche, no llegar a la hora de la comida y no entrar en habitaciones que no son tuyas.
Son reglas básicas de educación y lo seguirán siendo, porque el respeto nunca pasa de moda.
Ya uno empieza a aburrirse de las discotecas, el bullicio, el malgasto de dinero y el tiempo; aprecia más el tiempo con tu familia, cuida mucho más tu dinero, anhela un amor bonito, reduce tu circulo social y te importara muy poco lo que digan o piensen los demas.
un montón de niñas maquillándose para ir al colegio y grabando TikToks, y solo me acuerdo de la rectora de mi colegio parada en la puerta con desmaquillante, borrándole la cara a todas
¿Eso ya no pasa?
…volvamos a los valores tradicionales
Tan rico cuando uno llegaba de estudiar, almorzaba, hacía la siesta toda la tarde y después se despertaba a ver mujeres al límite y tu voz estéreo😭😭 devuélvanme a esa gloriosa época porfa
Mi hija me pidió que la cambiara de colegio.
Así. Sin lágrimas. Sin enojos. Sin rabia.
Solo se me acercó mientras yo preparaba la cena y dijo despacio:
—“¿Puedo estudiar en otro lugar?”
Le pregunté si había pasado algo.
Me dijo que no.
Le pregunté si no tenía amigas.
Me dijo que no sabía.
Entonces le pregunté si alguien la trataba mal.
Y se quedó callada.
Esa noche no pegué los ojos.
Al día siguiente inventé que tenía que hablar con la directora.
Pero en realidad fui a mirar.
Me quedé en un pasillo y esperé al recreo.
Y ahí la vi.
De pie junto a la verja, con el termo en la mano, mirando al suelo.
Un grupo de niñas pasó y se empujaron entre ellas riéndose.
Un niño le tiró el jugo en la blusa y salió corriendo.
Otra niña le sacó una foto escondida con el celular y la mostró entre risas.
Ella no dijo nada.
Solo apretó los labios.
Como si ya estuviera acostumbrada.
Pero lo que más me dolió no fue eso.
Fue ver que una profesora pasó justo en ese momento.
La miró.
Miró a los otros.
Y siguió caminando como si nada.
Como si mi hija fuera invisible.
Después escribí al colegio.
Les conté lo que ella me había insinuado.
Que en el aula le escondían los cuadernos.
Que en los pasillos le ponían sobrenombres.
Que en el grupo de WhatsApp se burlaban de sus fotos.
Me respondieron con la típica frase:
—“No se preocupe, son cosas de muchachos. Lo estamos manejando.”
Pero no hicieron nada.
Nada.
Esa tarde, al volver a casa, me preguntó bajito:
—“¿Ya lo pensaste?”
Le respondí que sí.
Y que no tenía que volver más a ese colegio.
No preguntó por qué.
Solo dejó su mochila en la esquina y respiró profundo.
Como quien por fin suelta un peso que llevaba cargando sola.
Ahora estudia en otro lugar.
Ni más grande.
Ni más moderno.
Solo más humano.
Donde la miran a los ojos.
Donde la llaman por su nombre.
Y donde no tiene que hacerse pequeña para no ser molestada.
Porque un niño —o una niña— no pide un cambio de colegio por antojo.
Lo pide cuando ya no puede más.
Y lo más desgarrador no es lo que hacen sus compañeros…
sino lo que no hacen los adultos que se supone debían cuidarla.
Y ojalá esto no fuera tan común.
Ojalá no fuera yo una de tantas madres que aprendió demasiado tarde.
Porque hay algo que nunca se olvida:
el día en que tu hija te pide, casi en susurros,
que la saques del único lugar donde debería sentirse protegida.
Historia anónima
una chica a mi lado habla con alguien por teléfono y le dice: “no me hagas sentir intensa por querer claridad”. Y no puedo dejar de pensar en cuántas veces me hicieron sentir que pedir lo básico era pedir de más