— Apoya él las manos en la cintura de ella, suavemente acaricia la punta de su nariz con la contraria.—
Por ti, vale totalmente la pena. No me importaría que algunos dioses se enfaden conmigo.
—A lo mejor te cae un rayo del cielo por impío... —Respondió con una sonrisa traviesa, y se inclinó para con cariño tomar su rostro entre las manos—. No sé si te vale la pena arriesgarte.
— Tenia él una sonrisa mientras la seguía, disfrutando del sonido de la risa de la diosa. Cuando ella se comportaba así, casi parecía que la misma naturaleza despertaba para adorarla.
Con ella en el altar, Arión alza su cristalina mirada cargada de adoración para ver a la +
— Se ríe, en su mirada hay picardía. Devuelve el beso, pero en los labios de Afrodita.—
Y tú dime cualquier problema que tengas, buscare el modo de ayudarte en lo que necesites, querida mía.
Eso lo sé, que todavía me intimidas por momentos. —Aunque no solamente era intimidación, pero se lo guarda.—
Pero supongo que aún te ve con los ojos de, bueno, un niño. Un amor inmenso por su madre.
Siendo sincero, en parte lo entiendo, pero sé que nunca lo llevaría a tal extremo. Tal vez él de verdad no creía que fuéramos a durar y que podría yo causarte algún daño.