Mi terapeuta me dijo: "Deja de asumir que la gente está enojada contigo. Deja de intentar leer la mente de la gente. Deja de intentar controlar los pensamientos y emociones de los demás. Deja que la gente se controle a sí misma. Si tienen algo que decirte, lo harán y si no, es su responsabilidad, no la tuya. Pensar demasiado mata la felicidad". Y eso me golpeó como un ladrillo.