Ninguna ideología puede valer más que la sangre derramada, y el mundo debe entenderlo: la justicia que se invoca selectivamente no es justicia, es estrategia; y el derecho internacional deja de ser derecho cuando se convierte en una herramienta de conveniencia.
Quien guardó silencio ante el horror del Helicoide ha perdido la autoridad moral para juzgar la ruta de la libertad. La pasividad ante la barbarie fue complicidad; la indignación ante la caída del tirano es puro cinismo.