Colombiana, amante y agradecida de la vida, encantada de lo que hace y en proceso de construcción y mejoramiento continuo. Mi frase: Gracias a la vida!
AMIGOSSS: es un placer para mí presentarles oficialmente mi libro “Emilio Tapia: anatomía de la corrupción en Colombia”, una radiografía que evidencia cómo se fabrica un corrupto en Colombia.
A partir de entrevistas directas con el contratista, expedientes judiciales y años de reportería logré reconstruir la vida de este personaje, considerado como uno de los símbolos de la corrupción en nuestro país.
Espero que les guste y que sirva para entender como no es que el sistema sea corrupto, sino que la corrupción ya es el sistema.
Graciasssss especialmente a @Penguinlibrosco por confiar en mí para este proyecto y a @fdbedout por sus participación.
Ya está disponible en TODAS las librerías del país… 🙌🙌
Hoy despido a mi padre… no desde el rencor, sino desde la paz.
Perdonar es decidir que el pasado no va a definir tu corazón.
Con el tiempo nos encontramos, nos miramos como hombres, no como errores. Y ahí entendí que todos fallamos, que todos somos humanos, y que el amor —aunque llegue tarde— sigue siendo amor.
Hoy se va mi padre, pero no se va la lección. Se queda conmigo y con todos los que necesiten escuchar esto:
sí se puede perdonar… incluso cuando dolió profundo.
Sí se puede sanar… incluso cuando parecía imposible.
Porque al final, el perdón no es un regalo para quien se va…
es libertad para quien se queda.
Por una decisión que tomó una señora hace 4 años.
Esto es lo que pasó:
En 2020, Doña Marta (67 años) vendía empanadas en la calle.
Ganaba $30,000 pesos al día ($7 USD).
Un día vio a 3 niños comiendo de la basura.
Les dio empanadas gratis.
“La victimización es una artimaña de autoengaño del ego, aparentemente se muestra como debilidad o vulnerabilidad, pero en realidad es una forma de dominio o control.
Nietzsche llamaría a esto resentimiento: transformar la impotencia en superioridad moral.
Al adoptar la posición de la víctima logras una ventaja inmediata: se evita toda responsabilidad.
Sartre lo describió como mala fe: una conciencia que se niega a sí misma para eludir la libertad.
Si no eres el responsable, no hay necesidad de cambiar.
El vínculo entre libertad y carga se vuelve explícito en Kierkegaard: la huida de sí mismo adopta formas sutiles, y la seguridad se compra al precio de la autenticidad.
El pasado se vuelve un refugio como una narrativa de “me hicieron”, “fui abusado”, “me dañaron”, “me engañaron”, “no tuve suerte” … la repetición de esa historia se transforma en identidad.
La identidad narrativa como fijación encuentra un correlato en la psicología profunda de Jung: el yo se protege cuando convierte la herida en máscara, y así evita mirar la sombra.
Por otra parte, la víctima recibe premios y galardones sociales.
La dimensión social sitúa el fenómeno en el campo de la relación de poder en Foucault: toda posición produce efectos, incluso cuando se presenta como pura impotencia.
Generalmente la queja atrae atención, el sufrimiento compra compañía, así como la herida consigue cuidados.
Aristóteles ya describe en la retórica una verdad simple: las pasiones ordenan la escucha pública, y la compasión se activa mediante relatos de daño.
Quienes nunca aprendieron a pedir amor de frente lo solicitan por la puerta trasera por medio del llanto, las quejas, el dolor y el sufrimiento victimizándose.
Esta economía afectiva evoca la teoría del reconocimiento en Hegel: la necesidad de ser visto busca vías indirectas cuando el pedido directo parece imposible.
En lugar de decir “mírame a los ojos”, dicen “pobrecito de mi”.
Lo que la hace adictiva a esta postura es que a la mente le encanta tener la razón.
La mente prefiere estar en lo cierto antes que ser libre.
En términos budistas, ese apego a la “razón propia” funciona como tanhā (ansia) que prolonga dukkha (insatisfacción).
Sin embargo, querido amigo, el hecho que nos haya ocurrido algo no nos convierte automáticamente en víctimas. Solo significa eso… que nos pasó algo y nada más.
La distinción separa hecho y significado: Epicteto sostiene que no perturban las cosas, sino los juicios acerca de las cosas.
La victimización surge cuando nos aferramos a dicha experiencia para evadir el presente, para no habitar el ahora.
Mira, habitar el presente exige valentía, por la sencilla razón que en el presente no hay excusas ni justificaciones… la recuperación del poder asusta… si tu vida esta solo y únicamente en tus manos ya no hay a quien culpar.
No estoy recomendándote negar el dolor sino dejar de convertirlo en tu nombre, es posible reconocer nuestra herida, pero sin construir un trono o un altar con ella.
Esta imagen converge con la crítica de las “pasiones tristes” en Spinoza: la tristeza puede volverse régimen si se la usa como fundamento de identidad.
La victimización constituye una forma de inmadurez, porque instala la culpa en el pasado como refugio y desplaza la responsabilidad fuera de la propia vida.
La madurez disuelve esa postura al recuperar la libertad de responder en el presente, sin negar lo ocurrido y sin convertirlo en identidad.
En cuanto lo observas conscientemente tu drama pierde fuerza o poder y permanece la experiencia, el aprendizaje… una fuerza pacífica que ya no necesita acusar a nadie para existir.”
Prabhuji
La vida incluye situaciones difíciles, accidentes, pérdidas, enfermedades, incomodidad, adversidades, muerte, dolor y sufrimiento. Todos vamos a vivir de todo. Cada cual en su momento y a su manera. Es inevitable.
¿Qué te hace pensar que tú eres tan especial que no necesitas experimentar los acontecimientos transformadores que la Vida tiene destinados para ti?…
Si aprendiéramos a no juzgar cada hecho/situación desde una perspectiva moralista (bueno/malo, merecido/inmerecido, justo/injusto…), quizá alcanzáramos a comprender que la REALIDAD ES NEUTRA y que todo lo que sucede es PERFECTO (porque es lo mejor que puede ser en este momento) y NECESARIO (para nuestro proceso de desarrollo y evolución en consciencia), aunque tu caprichosa mente prefiera seguir sufriendo y peleándose con la vida.