Carlos Antonio Velez que es un patriota de verdad la está rompiendo nuevamente por tercera vez. Tenemos que hacerle caso a sus palabras. Fin de la discusión
Ningún juez me ha notificado de alguna orden de captura o sanción.
En el fondo hay un desespero por parte del gobierno nacional de ocultar que la Unidad de Víctimas ha malgastado $460.124.110.320 en eventos viajes, chivas, refrigerios, tarimas y politiquería, mientras las víctimas son abandonadas.
Gracias a todos los que me han escrito, la verdad no se va a ocultar y más denuncias vendrán.
Ya mi abogado @castrojuanjose está al frente de la situación.
Sabemos que cada vez se sienten más incómodos y nuestras denuncias continuarán.
El autogol de Cepeda.
Algún día, cuando se escriba el manual de lo que jamás debe hacerse en una campaña presidencial, la cruzada de Iván Cepeda contra la camiseta de la Selección Colombia tendrá capítulo propio, y no tanto por malvada sino por torpe. En plena segunda vuelta, a puertas de un Mundial, su campaña miró a Abelardo de la Espriella vestido de amarillo y creyó ver una oportunidad para denunciar oportunismo. Pero lo que hizo fue tomar el símbolo más emocional y transversal del país y entregárselo en bandeja de plata a su rival.
El error viola la primera regla de la guerra simbólica: no se prohíbe lo que no se puede controlar. La camiseta está en las calles, en los bares, en las vallas publicitarias y en las fotos familiares. Estamos en temporada de Mundial y medio país anda de amarillo sin que eso signifique adhesión a nadie.
Ahí se produjo algo más poderoso que el simple efecto Streisand. Primero, prohibir la camiseta la volvió más visible y deseable. Segundo, miles de personas inundaron las redes con la camiseta puesta como muestra de apoyo a Abelardo, pero también por rebeldía, porque a nadie le gusta que le digan cómo se puede vestir. Y tercero, lo más grave: desde que Cepeda la convirtió en campo de batalla, cada colombiano de amarillo empezó a parecer abelardista, aunque no lo fuera. Una valla publicitaria, un niño con la diez de James, una señora yendo a votar de amarillo, todo quedó teñido de un color político que nadie eligió. Cepeda quiso quitarle la camiseta a Abelardo y terminó haciendo parecer abelardista a medio país. Ninguna campaña compra semejante omnipresencia, y él se la regaló gratis.
Esa reacción no fue casual. El problema de fondo fue una mala lectura del símbolo. La campaña de Cepeda trató la camiseta como si fuera una pieza de propaganda, cuando para millones de colombianos es una emoción compartida. La camiseta remite al fútbol, al Mundial, a la familia reunida frente al televisor, al orgullo nacional y a una forma simple de pertenecer a algo común en un país fracturado. Judicializarla en ese contexto no parecía una defensa de la neutralidad, sino un regaño contra la gente que quiere ponerse la camiseta de Colombia.
Por eso la reacción fue tan inmediata. A la gente le gusta “la Sele”, le gusta vestirse de amarillo y le molesta que una campaña pretenda administrar ese símbolo. Además, en un país donde la camiseta ha sido usada una y otra vez por políticos de distintos sectores, prohibírsela a un solo movimiento difícilmente se lee como equilibrio institucional. Suena más a persecución.
La prohibición, además, abre absurdos imposibles de explicar. ¿Quién es “miembro” del movimiento de Abelardo, y cómo se prueba, con un carné, con un trino? Si un jugador de la Selección simpatiza con él, ¿debe abstenerse de vestirla en el Mundial? Esa clase de orden no pacifica nada, sino que ridiculiza a la autoridad, y el beneficiario natural es quien puede presentarse como víctima del exceso. Por eso resultó tan revelador que Cepeda celebrara el fallo en redes, celebrando en público la medida que más daño le hacía a su propia candidatura.
Las campañas torpes pierden por falta de inteligencia, pero sobre todo por falta de intuición popular. Ven una infracción donde la gente ve una emoción. Ven un símbolo contaminado solo porque no lo controlan. Cepeda quiso impedir que Abelardo se apropiara de la camiseta y terminó haciendo exactamente eso. Le fabricó una causa, le regaló una bandera y le puso al país entero el uniforme de su campaña.
Urgente: Abelardo de la Espriella le coge de ventaja 15.7% a Ivan Cepeda, Abelardo será Presidente por más de 3 millones de votos. No podemos aflojar, estamos frente a un rival que hará de todo para vencer.
Segunda Vuelta
Abelardo de la Espriella 56.2%
Ivan Cepeda 40.5%
Firmes por la Patria.
#Fútbol2Day - 🇪🇸
Florentino Pérez:
"El martes voy a hacer una oferta muy importante a un club de la Champions League por un gran jugador".
"Sería el fichaje más caro en la historia del Real Madrid: €150M".
La relación entre Iván Cepeda con Santrich e Iván Márquez: de La Habana a la Segunda Marquetalia, el grupo terrorista que asesinó a Miguel Uribe Turbay via @EIExpedienteCol https://t.co/WChNegURAO
La camiseta de la @FCFSeleccionCol, —la original; producida por @adidas y comercializada en todo el territorio nacional—, puede ser usada por cualquier persona y sin restricciones, en tanto sus compradores la portan en uso de su derecho inalienable al libre desarrollo de su personalidad ...
Su uso y porte, tanto por el candidato presidencial @ABDELAESPRIELLA como por cualquier persona, —militante o no de cualquier causa política, social, cultural o deportiva—, no implica, en modo alguno, algún riesgo de confusión o ejercicio abusivo de propiedad intelectual y/o industrial de terceros.
Por el contrario, exhibir la camiseta del combinado nacional, —previo al inicio de la @FIFAWorldCup 2026—, denota en el Candidato un sincero sentimiento de orgullo, con oportuno sentido de pertenencia, de patriotismo, de nacionalidad, de compromiso y de mucha seguridad, y no le otorga de forma ilícita o ilegal ventaja competitiva alguna, previa a las elecciones en segunda vuelta / balotaje.
¡ Usémosla todos ! ... incluso, quienes así lo han criticado y alegado ... en su yerro.