Apoyar la ideología de género y sostener los principios del cristianismo es totalmente opuesto.
Bien lo ha dicho Santiago:
"El que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios".
Stg. 4:4.
Que la mitad de la energía que invertimos en obtener la validación de los hombres, la invirtiéramos en "procurar diligentemente presentarnos a Dios aprobados, como obreros que no tienen de qué avergonzarse, que manejan con precisión la palabra de verdad". (2 Tim. 2:15)
Alabado sea el Señor, que no permitirá que seamos felices sin antes ser santos. La felicidad genuina es el resultado de una santidad labrada por Dios en nuestros corazones!
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