—Dejó escapar una risa bajita cuando sintió sus dedos entrelazarse con los suyos. Inmediatamente giró la mano para sujetarla mejor y acarició su pulgar con el propio.—
Sí.
—Respondió sin la más mínima vergüenza.—
Difamé a los ángeles hoy.
—Apoyó la cabeza sobre su hombro, acurrucándose un poco más cerca.—
Fue un trabajo duro, pero alguien tenía que hacerlo.
—La sonrisa se volvió suave al levantar la vista hacia él.—
Y mi plan es muy simple.
Quedarme aquí contigo.
—Otra caricia lenta sobre el dorso de su mano.—
Tomar café.
Comer algo dulce.
Escuchar tu voz.
—Se encogió un poco contra él, cómodo.—
Y no hacer absolutamente nada importante durante el resto del día. Excepto quererte.
—La sonrisa apareció otra vez, pequeñita y sincera.—
Eso sí lo tengo planeado, gatito.
¿Difamar sobre ángeles?.—— pregunta, no tan sorprendido. Sólo un poco. ——
Te gusta meterte en la boca del lobo. —— busca su manita para entrelazar los dedos acariciandole el dorso.——
¿Tienes algún plan?
—Sin esperar respuesta, ya había agarrado una.—
Eres una gran persona.
—Señaló el croissant.—
Y tú disfruta tu desayuno elegante.
—Le dio un mordisco a la galleta.—
—Deja que tome uno de los cafés, dejando el otro vaso en una mesa cercana.—
Las galletas para ti.
—Lo señala con el dedo índice, señalándose a sí mismo luego.—
El croissant para mi.
—Permaneció sorprendentemente quieto mientras le sujetaba la mano. Lo observaba trabajar con una atención, siguiendo cada movimiento como si estuviera viendo algo importantísimo.—
Espera.
—Acercó un poco más la mano para mirar la uña que acababa de colocar.—
Eso es mucho más fácil de lo que imaginaba.
—Su voz salió llena de curiosidad genuina.—
Yo pensaba que había pegamento, magia oscura y unas tres horas de sufrimiento involucradas.
—Una pequeña risa escapó de él.—
Mira qué bonitas son.
—Giró la mano lentamente bajo la luz, incapaz de dejar de mirarlas. Después volvió a fijarse en lo que estaba haciendo él.—
Entonces quitas el protector, presionas unos segundos y ya está.
—Asintió varias veces, como si estuviera memorizándolo para un examen.—
Vale.
Vale.
Lo estoy apuntando mentalmente.
—Aunque claramente no estaba prestando tanta atención a la explicación como a la sensación de que le estuvieran sujetando la mano con tanto cuidado.—
Y lo de reutilizarlas es genial.
—Lo miró otra vez.—
Porque honestamente pienso usar estas hasta que alguien me obligue a quitármelas.
Segundos.
—Luego de la explicación, procede a realizar cada uno de los pasos, pegándole así las uñas, una por una, siendo delicado con cada toque.—
Deberías luego comprar la lámina de pegamento si deseas reutilizar las garritas.
—Levantó la vista al encontrarse con esos ojitos de cachorrito. Aguantó exactamente dos segundos antes de rendirse por completo.—
No me mires así.
Necesitamos hacer algo....después del castigo... hoy estuve difamando sobre los angeles.
—Extendió las dos manos inmediatamente.—
No confío en mis capacidades para elegir.
—Después de unos segundos, acabó señalando el set rojo oscuro con una emoción difícil de ocultar.—
Ese.
—Se guarda los billetes, sonriendo satisfecho.—
Un placer hacer negocios con usted, príncipe.
—Suelta una suave risilla y toma una bolsita con los materiales necesarios para la colocación de las uñas.—
A ver, te enseño, elige un set y prestame una de tus manos.
—Levantó la cabeza en cuanto lo vio volver. Sus ojos fueron directamente a los cafés y luego a la bolsa.—
Oh.
—Le quitó uno de los cafés con absoluta confianza y miró dentro de la bolsa.—
¿Galletas?
¿Y un croissant?
Eres definitivamente mi persona favorita.
¿Frente a un testigo?
—Mira a su alrededor y luego se echa a correr hacia la cafetería.
A los diez minutos regresa con dos cafés y una pequeña bolsa con un par de galletas y un croissant.—