No me hablen más de desapego
como si amar fuera un error que hay que corregir.
No me pidan que suelte lo que late en mí
como si el corazón fuera un vicio del que hay que curarse.
El verdadero desprenderse no es dejar de sentir.
No es volverse frío, distante, intocable.
Es amar sin clavar uñas en el otro.
Es PERTENECER sin poseer.
Es echar de menos y no morir por ello.
Es seguir siendo uno mismo aunque el otro no esté.
Nos venden el desapego como una virtud
y yo solo veo miedo disfrazado de iluminación.
Porque el amor no se supera.
El amor se integra.
Yo no quiero desapegarme de ti.
Quiero que nos pertenezcamos en el alma
sin que seas mi cárcel ni yo la tuya.
No soltar el amor
—qué clase de loco soltaría el amor—,
sino soltar el miedo de perderlo.
Y si algún día desaparece,
que no sea porque lo destruyó el desapego.
Que sea porque el amor, en su forma más pura,
también sabe dejar ir
sin dejar de ser amor.
Siempre he buscado el mejor lado de la gente y a veces a tiempo, otras a destiempo descubrí el peor.
Entendí que muchos valen más de lo que piensan. Algunos menos de lo que creen.
Que es la gente la que engaña, no las apariencias. Que son muchos los que ladran pero pocos saben morder. Que ser uno mismo, es una maravilla en un mundo de mentiras y comediantes. Que la mejor manera de enfrentar a quien vive con "mil caras" es tener una sola y coherente.
Entendí que en esta vida tienes que ser fuerte para no derrumbarte, dulce con las personas que amas y esquiva con la gente falsa.
Que la vida es un cambio continuo, la gente va y viene. Sólo los sentimientos auténticos, se quedan sin cambios.
Que no me conformo con lo que " pasa " sino con lo que " queda ". 🧡
Viniste a esta vida a ser tú misma, no a cumplir las expectativas de un guion que tú no escribiste. Tu valor no se mide por lo que produces o por cuánto agradas a los demás; se mide por la paz que sientes cuando te miras al espejo.
Familia no es solo la sangre que compartes, sino el refugio donde no necesitas llevar máscaras. Son esos brazos que te sostienen cuando el mundo pesa demasiado y las almas que celebran tus victorias como si fueran propias.
♥︎ Enamórate de un señor... pero no de cualquiera.
Enamórate de uno que no tenga miedo a envejecer... pero sí miedo a perderte.
Uno que tenga hilos de plata en el cabello y cicatrices que no presume... pero que te cuente historias con solo mirarte.
Uno que no te escriba cada cinco minutos... pero cuando lo haga, te tiemblen hasta las rodillas.
Porque un señor no compite con niños.
No promete lo que no puede cumplir.
No te seduce con filtros ni con frases de Instagram.
Te seduce con presencia, con palabras que acarician, con silencio que no incomoda.
Un señor no necesita tocarte para erizarte.
Te recorre con los ojos, te protege con sus manos, y te respeta con el alma.
No busca jugar. Busca construir.
No te ama como a todas... te ama como a ti.
Y no te presume: te cuida.
Ese tipo de hombre no aparece a los veinte. Aparece cuando la vida ya lo golpeó, lo reconstruyó, y aprendió que lo más valioso... no se encuentra en cuerpos jóvenes, sino en almas que saben quedarse.
Así que sí... enamórate de un señor.
De uno que no te vea como una aventura, sino como destino.
Que te trate como niña, te mime como dama... y te desee como mujer.
Y que, cuando te abrace, te haga olvidar cuántos años tiene...
y solo te recuerde cuán viva estás tú.