Cuando leo novelas históricas me gustaría mucho tener a mi papá para platicar con él y resolver mis dudas, porque siempre tenía algo importante que decir.
Me atrevería a decir que son los momentos en los que más lo extraño.
Y aunque las peleas nunca faltaron siempre tuvo oídos para escucharme, las palabras para responder y me demostró con hechos que mi voz puede cambiar muchas cosas siempre y cuando mis argumentos sean fuertes.