En algún cuento leí lo siguiente: una empleada doméstica se precupaba por la rapidez de su patrones para desaparecer todo vestigio de alguien que acababa de morir. Cómo la mandaban a sacarlo todo, a tirarlo todo. Y ahí recordé lo poco que quedaba de mi abuela: la Abuela Malvada.
Anoche volvió a pasar que me despierta un trueno terrible pero solo está lloviznando. Ah pero anoche me dormía y el cerebro me devolvió la siguiente estupidez: el cielo se está quedando sin fuerza para una tormenta completa.
Hace un par de semanas me toca ser testigo de momentos históricos para el fútbol de esta ciudad. Testigo de los poquísimos momentos en los que la radio (La Radio) recupera o parece recuperar todo el poder perdido con el siglo XX. Testigo del crecimiento de mis compañeros.
Y hace un par de días escribí esto: para recordar estos días de clásicos y de Belgrano campeón y de mi teniendo que articular la frase "Belgrano campeón" haciendo un esfuerzo desmedido para adivinar qué significa y qué peso realmente tiene: https://t.co/qXF4cLXn25
Ayer, sin ir más lejos, un oyente mandó un audio genuinamente preocupado por cómo yo (que nada sé de fútbol) había llegado a ser Director Artístico de La Radio de Fútbol de Córdoba. Algo ridículo que, por vivirlo, cada tanto olvido. Cómo ocurren las imposibilidades.
Es increíble que la única explicación razonable que le encuentro al momento en que ladrán todos los perros del barrio con la puesta del sol sea el Ladrido del Ocaso que usan los perros para chusmearse las noticias en 101 dálmatas. Debe ser exactamente eso.
Las uniones de los mosaicos con contraste aumentado, el perro que no para de respirar como puede, todas las aberturas hinchadas y quejándose, la gente con la piel brillante y las superficies pegajosas: Córdoba haciendo uso de la humedad, su arma preferida para destruirnos a todos
En lugar de concentrarme en problemas reales (deudas con abogadas deudas municipales más deudas) estoy enojado porque leí El año del pensamiento mágico y Noches azules de la Didion y en uno nombran a la iglesia St John The Divine y en otro San Juan el divino. Pónganse de acuerdo.
Me obsesiona el hecho de no haber sido adulto antes de que algunas personas fallecieran para poder hablar con ellas. Me pasa con la mejor amiga de mi mamá que murió muy joven y fue la primer persona que me enseñó que mi abuelo era humano: llegaba y le decía "qué haces, che ocote"
Después de la invención del plástico y la caída del Muro de Berlín el siguiente momento histórico que sepultó la belleza fue la invención del extractor de cocina: un chisme ruidoso que solo hace sospechar su inutilidad. Como todo lo que hace espamento.
Quizás sea una deformación por mi trabajo pero lo primero que me fijo en un auto es qué radio tiene grabada y me da muchísimo pánico cuando no tiene guardada ninguna. ¿Qué hace? ¿sintoniza al azar?
Me enloquece cuando escucho una discusión a lo lejos pero no la entiendo. Estoy ahí, parado en la calle, y me llegan los gritos pero no las palabras. Pésimo.
Acaba de salir del programa de la tarde un representante de la masonería local y se cruzó con un Papá Noel que es un PNT. Ya nadie sabe bien cuál es la realidad.
Es la primera navidad que paso en el primer piso de mi casa desde que la justicia me lo devolvió y no tengo establecido el método de decoración navideña. He caído en una de las máximas de mi madre: si te sobraron adornos o luces es que decoraste mal.
En la casa de mis abuelos hay un picaflor que, en lugar de ir hacia la rosa china, se acerca peligrosamente al alambre de puas. Y ahí se queda, sin alimento más que el óxido. Obviamente mis abuelos viven en San Vicente: único barrio en el que hasta los colibríes están locos.
Los paseos con Winter son un recuento de vecinos. Pasamos por la casa siempre cerrada del Gabriel buscandolo vivo, por la Sra. de Baton Azul y su amigo el Truman Capote de calle Laprida y, en días como hoy, nos enteramos de los muertos: de la Triada de Caniches solo queda uno.
Ausentarse una semana de la casa de mis papás es perderse una parte de la trama. Por ejemplo: mi mamá lo llama a mi hermano y él, desde lejos, grita "¡no voy a hacer más pozos! Ya llevo cinco pozos esta semana". Decido ni preguntar. "¡En uno de los pozos entraba toda mi pierna!".