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No son sólo los arbitrajes al Madrid, es también la realización televisiva: sólo en el último mes se han ocultado varias veces imágenes al espectador y, con toda probabilidad y mayor gravedad, también al VAR, lo que le ha costado o podido costar puntos. Esto se suma a un arbitraje español que está siendo investigado por corrupción continuada en el Deporte. Recordemos, además, que un juez ya dictaminó recientemente que se habían sesgado y omitido imágenes al VAR en un Valencia - Real Madrid y en un Espanyol - Atleti, lo que perjudicó a madridistas y pericos. Pero insisto. Esto que se relata a continuación ha pasado en el último mes.
El 6 de marzo, en Balaídos, Vinicius es desequilibrado con un empujón justo en el momento en el que remata ante el portero. Aunque el disparo acaba en el poste (una acción que siempre merece varias repeticiones al tratarse de una ocasión manifiesta de gol), en este caso no se ofrece ni una sola. Muy sospechoso. Resulta difícil no pensar que se intenta dar carpetazo al posible penalti, sacándolo del debate público, y que tampoco se facilitan las imágenes al VAR, donde estaba Pulido Santana, por si se le ocurriera pedir su revisión al árbitro. El Madrid termina ganando ese partido en el último suspiro.
El 4 de abril, en Mallorca, hay una mano clara de Pablo Torre a los tres minutos de partido. No admite dudas: no viene de rebote y está completamente despegada del cuerpo. La realización televisiva no muestra ninguna repetición, algo llamativo si se tiene en cuenta que, cuando el Real Madrid podría estar cometiendo una infracción, incluso de forma remota, las jugadas se repiten una y otra vez. De hecho, con el Madrid implicado, se pasan varias repeticiones aun cuando a todas luces no hay nada, de forma que puede instalarse en el subconsciente colectivo que se le está beneficiando. En este caso, la acción sólo llega al espectador a través de redes sociales y horas después del pitido final. Todo indica que Iglesias Villanueva, en el VAR, tampoco recibe esas imágenes y, por tanto, no tiene la opción de avisar a Sánchez Martínez. Algo que, por otro lado, probablemente nunca hubiera hecho, conociéndole. Pero lo que no se muestra no existe.
Ayer 10 de abril, en el Santiago Bernabéu, Real Madrid - Girona, se produce un codazo violento y temerario de Vitor Reis a Mbappé en la cara, que incluso le provoca sangrado, además de trabarle simultáneamente abajo: un penalti indiscutible. Pero las imágenes vuelven a omitirse y no se muestra la sangre durante la retransmisión. Se esconde. Se oculta. Se entierra. No la ve ni el espectador ni muy posiblemente Trujillo Suárez en el VAR. Así es más difícil que pueda avisar a Alberola del fortísimo impacto, cuya intensidad quedaría probada por la sangre de Mbappé. Incluso sin ella la infracción era evidente y debía haberse castigado, pero ya conocemos a este esbirro del Cártel Arbitral. Corría el minuto 88: el Madrid habría ganado el partido de haber convertido esa pena máxima.
No puede caer en el olvido ni pasar desapercibido que la realización televisiva y estas omisiones, difícilmente atribuibles al azar, ocultan al espectador posibles perjuicios arbitrales al Real Madrid y dificultan o impiden la labor del VAR, cuya función es corregir errores claros del árbitro de campo. Todo ello, unido a esa investigación judicial sobre la corrupción sistémica en el arbitraje español, a una dinámica persistente en la que las calificaciones castigan los errores favorables al Madrid o contrarios al Barça, mientras se premian los de sentido opuesto, y a designaciones que tienden a elegir a los árbitros más ‘convenientes’ en momentos decisivos, hacen necesaria una intervención de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el fútbol español, ya que ninguno de sus agentes parece estar mínimamente contrariado por su secuestro y adulteración.
El Real Madrid es el tercer equipo de la Liga con mas rojas en contra siendo el segundo equipo de la Liga que menos faltas comete, que cada uno saque las conclusiones de esta competicion.