Dejen de culpar a los docentes y háganse cargo de sus hijos. Sáquenles las pantallas y métanlos en deportes. Mírenlos a la cara. Oblíguelos a cenar en familia. Pregúntenles cómo están, qué hicieron, si tienen tarea. Revisen sus cuadernos. Llévenlos al pediatra y al psicólogo.
Las finales de la Libertadores 2018 y del Mundial 2022 me hacen pensar que quizá nunca vuelva a sentir algo tan intenso por el fútbol. Fue hermoso, y a la vez tiene algo de tristeza.
Un día te das cuenta de que cambiaste, ya no disfrutas lo mismo, ya no toleras lo que antes aceptabas. Creciste, te abriste a nuevos caminos y te despediste de quien fuiste. Eso no es perder, es evolucionar. Es sano, es necesario y está bien.