y un día sin darte cuenta te sientes mejor, no feliz, pero sí más seguro y menos triste; empiezas a reconstruir tus ruinas, paso a paso y cerrando heridas; un día sin notarlo desaparecen las lágrimas, frustraciones y te das cuenta que después de la tormenta llega la calma.
A mí me enseñaron a no traicionar a quien me abrió las puertas de su casa y me invitó a sentarme con su familia. Tener diferencias es una cosa, ser traidor y malagradecido es otra.