La serenidad y la alegría en medio de las pruebas son posibles porque Dios nos concede la gracia de dirigir nuestra mirada hacia un futuro lejano, más allá de nuestro horizonte terrenal, un futuro de felicidad infinita en Dios, que estamos seguros de alcanzar si nos mantenemos firmes en la fe y la caridad. Los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se revelará en nosotros (Rm 8,18). #ViajeApostólico #Francia https://t.co/W9Mzc1ttlt
Hay una estrategia de Satanás mucho más sutil que hacerte caer en un pecado: conseguir que pierdas la paz sin que te des cuenta.
Te empuja hacia el pasado para que vivas atrapado en tus errores: «Dios no puede perdonarte después de todo lo que has hecho». Te hace confundir arrepentimiento con condena y, poco a poco, consigue que dejes de mirar hacia Dios.
Después te lanza hacia el futuro: «¿Y si todo sale mal? ¿Y si pierdes aquello? ¿Y si no eres capaz?». Empiezas a sufrir por cosas que todavía no han ocurrido. La ansiedad ocupa el lugar de la confianza.
Y cuando consigue sacarte del pasado y del futuro, todavía tiene una última trampa: hacerte olvidar el presente. Que dejes de agradecer lo que tienes, que no veas las gracias de cada día y que vivas convencido de que siempre te falta algo.
Pasado, futuro y presente pueden convertirse así en tres caminos hacia la desesperanza: culpa, ansiedad e ingratitud.
Pero Cristo nos enseña otro camino: arrepentirnos del pasado, confiarle el futuro a Dios y agradecer el presente.
Porque el pasado ya pasó. El futuro todavía no existe.
Pero este momento sí. Y Dios también está aquí.
🙏✝️
«El amor que mueve el sol y las demás estrellas» aún inspira esperanza. El amor mueve, impulsa, despierta del letargo, inspira nuevas vocaciones y nos llama a arriesgarnos. En el amor, jamás hay coacción ni adoctrinamiento; jamás hay seducción, engaño ni manipulación. El amor solo existe en la libertad, en el intercambio vibrante, en la entrega generosa de uno mismo. #VisitaPastoral #Rimini https://t.co/wcSURH0mLZ
CINCO PANES Y DOS PECES
Si es que basta muy poco
para llenar los cestos
cuando abunda la gracia.
El eterno drama tiene que ver
con el cálculo, con la reserva
y el por si acaso.
Se nos ha instalado en el alma
la desconfianza,
la sospecha,
la supervivencia,
la rivalidad absurda.
La tragedia es que hay pan para todos, oculto bajo la pompa y la gala.
Cuando alguien descubre
esta verdad sencilla,
carga desde entonces
con la cara y la cruz,
el júbilo de un bien posible,
la impotencia al chocar con los muros
erigidos por siglos de temor e inercia. pero, al menos sabe
que nunca estará solo,
en la lucha por el pan de todos.
(Y al fin, agosto...)
Descansa
de prisas, de urgencias,
de retos, de inercia.
Descansa de agobios,
de citas, de agenda,
de mil compromisos,
de tanta exigencia.
Descansa del ruido;
de la turbulencia
de vidas veloces,
de la intransigencia
de un mundo irascible.
Descansa del ego,
que tiene querencia
a cobrar tributos.
Deja el torbellino
de días furiosos.
Abraza el sosiego
de las horas quietas.
Pero no dimitas
de ser compasivo.
No le abras camino
a la indiferencia.
No te desconectes
del amor concreto.
Cuida bien la hoguera
de la fe, que traiga
luz a la penumbra,
sentido al vacío,
gozo a la tristeza.
El bien no se apaga,
Y de Dios no hay tregua.
(Feliz día de San Ignacio)
AMAR Y SERVIR
En todo lugar es posible el amor,
en la calle enfangada del arrabal
y en la terca soberbia del palacio,
tras la puerta cerrada
y a cielo abierto,
en la cárcel, o en la Iglesia,
en el mercado y el parque.
Allá donde hay gente,
si dejamos crecer la semilla,
será amor lo que surja,
pues está plantada
en nuestra entraña
un ansia de comunión y encuentro.
En todo momento es posible el servicio,
la disposición a salvar abismos,
la amistad que se gesta en el cuidado,
la toalla ceñida a la cintura,
el sueño de un mañana mejor.
Siempre estamos a tiempo
de despojarnos de ambición y ego,
empeñados en el bien de todos.
En todo lugar, el amor,
En todo momento, el servicio.
En todo, amar y servir.
MISERICORDIA QUIERO
La mirada implacable.
Exigencias constantes.
Palabras hostiles.
Condiciones imposibles
y un corazón de piedra.
He ahí la ruta del odio,
la tierra estéril, el hogar vacío.
Inútil barro sin alfarero,
sal insípida, sarmiento seco.
Misericordia quieres, no sacrificios.
Advertencia necesaria que nos haces
cuando alzamos la mirada con orgullo
despreciando a quien no sigue la rutina
que hace tiempo convertimos en mazmorra.
Misericordia, sí, no sacrificios.
La mirada dispuesta a la ternura.
El perdón generoso ante el tropiezo.
La palabra que acaricie y no golpee.
Un silencio que respete y acompañe.
Y el corazón de carne, palpitando
al compás de un amor inquebrantable
¿SABES SI SON DIGNOS?
¿Sabes si son dignos?
Esa fue la pregunta.
La dignidad requerida
no era prestigio, autoridad,
distinción o prevalencia.
No era la fortaleza
de los invulnerables
ni la presunción
de los soberbios.
No era la seguridad
de los perfectos.
Aquel interrogante
envolvía otros más hondos.
¿Aman a Cristo?
¿Han experimentado la misericordia?
¿Comprenden quién es su prójimo?
¿Serán capaces de tomar en serio a Dios?
¿Conocen sus propios límites?
¿Sabrán ser discípulos?
¿Permanecerán cuando llegue la tormenta?
¿Llegará a ser su vida eucaristía?
La respuesta fue un sí
que tenía tanto de confianza
como de apuesta.
Era un ojalá,
un con tu gracia,
un están en camino.
Respondieron por ellos
quienes los conocían.
Hoy la respuesta, más humilde, la da el tiempo,
oro y plata de historias fecundas.
¿Sabes si son dignos?
Lo han intentado.
Han amado, sentido, vibrado, servido.
Han llevado la Palabra por bandera.
Se han gastado.
Llevan dentro cicatrices
y alguna herida abierta.
Han estado en el desierto y el Tabor
y aquí siguen en camino tras sus huellas.
Han sido hijo pródigo,
hermano mayor
y padre que abraza.
Han lavado con su llanto algún cansancio.
Han escrito con sus dedos en la arena.
En su interior aún pelean
un fariseo y un publicano,
el trabajador de la primera hora
y el obrero de la última.
¿Sabes si son dignos?
La respuesta es hoy distinta.
Tú, Señor, nos haces dignos
confiando tu tesoro a nuestro barro.
(Al cumplirse hoy 25 años de ordenación . Se agradece una oración)
He aquí dos actitudes de nuestra vida cristiana que hemos de tener en cuenta para ser “arquitectos sabios” en la construcción de la civilización del amor: el primero es abrazar la cruz de Cristo como cireneos, acompañando y ayudando a llevar las cargas de tantos hermanos y hermanas crucificados por los dramas de la vida; el segundo es cultivar una espiritualidad eucarística, una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor. #ViajeApostólico
La fiesta del Corpus Christi, en esencia, no va de procesiones, alfombras florales, palios y custodias, sino de reconocer y adorar a Jesús resucitado —que ya es el Cristo cósmico— en los hambrientos, enfermos, maltratados y migrantes. Ellos son hoy el verdadero «Cuerpo de Cristo»
Como jurista, me quedo con una frase del discurso del @Pontifex_es en el @Congreso_Es que debería enmarcarse en cada parlamento: "Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse".
La autoridad lleva consigo una gran responsabilidad y todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes
(que algo tan evidente tenga que ser recordado en la época en que unos niegan derechos y otros se niegan a asumir deberes es clave)
El corazón humano no se colma acumulando experiencias, posibilidades o seguridades temporales; se colma cuando descubre una llamada, cuando comprende que la vida llega a plenitud sólo si es donada. Seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande. #ViajeApostolico
Una vez, cuando era joven, escribí una columna criticando una celebración en la que había estado, y al hacerlo, de hecho, estaba criticando a una persona, en público... Cuando releo aquello, bastantes años después, solo siento bochorno y pesar. Qué fácil y qué presuntuoso es usar los medios para faltar al otro porque no es o no hace las cosas como tú.
Estás leyendo una novela y de golpe un personaje, sin quizás pretenderlo, describe el pecado original : “ Cuanto mayor me hago, más convencido estoy de que todo el dolor que ha habido en el mundo es culpa de todos los que hemos vivido en él. Quizá no directamente ni del todo, pero me temo que el dolor del mundo es un poco responsabilidad de todos.”
"En el mundo tendrán luchas; pero tengan valor: yo he vencido al mundo".
El conflicto es parte de nuestra realidad e historia, pero también lo es el auxilio del Señor; así nos lo recuerda hoy el Evangelio.
Hay que ser valientes.