Siempre diré que Vikings hasta el final de la cuarta temporada es una de las mejores series que se han hecho en la historia de la televisión.
Es probablemente la que más veces he repetido (o una de las que más) y no me canso de esas cuatro primeras temporadas. Diálogos magníficos, ritmo perfecto, giros que te parten, de las mejores batallas que he visto en una serie (el asalto a París es cine puro), pero sobre todo los personajes.
Cuando ves a los de las primeras temporadas y luego pasas a los de la quinta y la sexta, parece que estás viendo Vikings del Temu. Ragnar, Bjorn, Floki, el rey Ecbert, Rollo, Lagertha… son personajes de otro nivel. Especialmente Ragnar, que para mí es uno de los más carismáticos de la historia de la televisión y con uno de los mejores desarrollos que he visto.
Solo hace falta ver esta escena para darse cuenta de la magnitud. Ni una sola palabra hace falta. Todo es audiovisual: la dirección, la banda sonora que pega fuertísimo y las imágenes. Ragnar está completamente roto por dentro, con la mente hecha mierda por todo lo que ha vivido y perdido, y de repente se encuentra recordando lo que más anhelaba, su familia y esa vida simple del principio. Es de esas escenas que te dejan hecho polvo solo con lo que ves y oyes.
Teoría: Vinicius murió tiroteado en una favela, tras su desastrosa actuación mundialista, y el Real Madrid ha contratado a un doble para no perder dinero.
El Arsenal va a fichar a un camerunés que trabajaba en las obras de Valdebebas.
Enésima genialidad de su Florentineza.
Cojonudo. Lo que le apetece a un niño soldado del Congo un domingo por la tarde es ver a Camavinga regalarle un balón en el área a Budimir para certificar el 0-2 y quedarse a 18 puntos del Barça en febrero
El follón de papeles que tiene encima de la mesa es histórico. Está buscando datos económicos entre radiografías de próstata, facturas de pañales y folletos de geriátricos