La muerta de hambre de Vicky Dávila decía que Abelardo de la Espriella era un corrupto, bandido y narcotraficante hasta que los Gilinski le ordenaron lavarle la cara y lamerle los mocasines. ¡Hoy no lo baja de héroe nacional! ¡Qué vergüenza tan hijueputa que da esa señora!