Déjame decirte una cosa: todos sabemos quién eres.
Eres uno de los mayores luchadores de la historia del deporte, no solo del tenis. Sabemos que tu carrera se construyó sobre la grandeza de aceptar que algo no era imposible.
Siempre seguiste cuando un partido parecía perdido.
Cuando tu cuerpo no parecía responder, también seguiste.
Cuando el estadio se revelaba en tu contra, seguiste.
Cuando Federer y Nadal parecían inalcanzables, seguiste.
Cuando Alcaraz y Sinner, siendo mucho más jóvenes que tú aparecieron, seguiste.
Y por eso puedo entender que quieras seguir ahora también.
No seré yo quien te diga que debas parar o no. Eso solo podrás hacerlo tú. Nadie puede ni debe decirte cuándo debes parar. Imagino que sigues porque esa sensación de salir a pista, de jugar, de ganar… esa que sigues sintiendo desde hace más de 20 años es difícil de rechazar.
Sí, sé que aún te ves ahí. Como cuando ganaste a Sinner hace solo siete meses. Pero hay una cosa que debes escuchar.
No tienes nada que demostrarle a nadie.
Has ganado prácticamente todo lo que un niño que empieza a golpear una pelota contra una pared podría algún día soñar. Has batido récords que parecían imposibles. Has sobrevivido a tres generaciones distintas. Has derrotado a los mejores en sus mejores momentos. Has sido número uno, campeón olímpico, campeón de todos los grandes escenarios de este deporte.
Lo has hecho TODO en el tenis.
Los aficionados al tenis quieren verte jugar, pero sin sufrir. Lo de ayer nos dolió a todos, no solo a ti o a los tuyos.
Esas lágrimas son las mismas de Nadal el día de la retirada de Federer. Del que ve que toda historia tiene un principio y un final. Y aunque a veces nos neguemos a aceptarlo, tiene que ser así. Es lo bonito y lo triste de la vida, a la vez.
Quizá, por un instante, comprendiste que esta vez no estabas perdiendo contra otro tenista.
Estabas peleando contra el tiempo.
Pregúntate si necesitas pasar por algo como lo de anoche. Porque una cosa es luchar por un sueño y otra muy diferente es destrozar tu cuerpo y tu salud intentando demostrar algo que ya demostraste hace muchos años.
No necesitas un 25º Grand Slam para que valoremos lo grande que has sido.
No necesitas ganar otra vez en Melbourne.
No necesitas levantar Wimbledon una vez más.
No necesitas derrotar a Alcaraz ni a Sinner. Eso ya lo has hecho muchas veces.
No necesitas irte ganando.
Ya ganaste.
Ganaste cuando aquel niño de Belgrado terminó convirtiéndose en uno de los mejores deportistas que jamás hemos visto.
Ganaste cuando alcanzaste a quienes parecían inalcanzables.
Ganaste cuando superaste todos los récords habidos y por haber en este deporte.
Ganaste cuando conseguiste ese oro olímpico que tanto significaba para ti.
¿De verdad queda alguna cuenta pendiente?
Lo que quieres demostrar, de que se puede vencer a estos jóvenes todavía, ya lo hiciste. No tienes por qué hacerlo a cada torneo al que vas.
Y es que, Novak, no necesitas ese 25º Grand Slam que tanto se repite cada vez.
Recuerda que no hace falta que te vayas ganando, porque tú ya ganaste.
Esas lágrimas de tristeza e impotencia, anoche, al ver que el cuerpo ya no sigue el ritmo, el día de mañana serán de orgullo por todo lo que conseguiste. Lograste ganar a todos. Fuiste el mejor. Y quizá ninguno de los que a día de hoy pisamos este planeta veamos a nadie superar tus récords.
No hay mayor victoria que la de pasar a la historia de la humanidad.
Gracias por todo, Nole.
Decidas lo que decidas, quien te quiere te seguirá queriendo tanto o más. Y quien no lo hace, algún día, créeme, lo hará.
Déjame decirte una cosa: todos sabemos quién eres.
Eres uno de los mayores luchadores de la historia del deporte, no solo del tenis. Sabemos que tu carrera se construyó sobre la grandeza de aceptar que algo no era imposible.
Siempre seguiste cuando un partido parecía perdido.
Cuando tu cuerpo no parecía responder, también seguiste.
Cuando el estadio se revelaba en tu contra, seguiste.
Cuando Federer y Nadal parecían inalcanzables, seguiste.
Cuando Alcaraz y Sinner, siendo mucho más jóvenes que tú aparecieron, seguiste.
Y por eso puedo entender que quieras seguir ahora también.
No seré yo quien te diga que debas parar o no. Eso solo podrás hacerlo tú. Nadie puede ni debe decirte cuándo debes parar. Imagino que sigues porque esa sensación de salir a pista, de jugar, de ganar… esa que sigues sintiendo desde hace más de 20 años es difícil de rechazar.
Sí, sé que aún te ves ahí. Como cuando ganaste a Sinner hace solo siete meses. Pero hay una cosa que debes escuchar.
No tienes nada que demostrarle a nadie.
Has ganado prácticamente todo lo que un niño que empieza a golpear una pelota contra una pared podría algún día soñar. Has batido récords que parecían imposibles. Has sobrevivido a tres generaciones distintas. Has derrotado a los mejores en sus mejores momentos. Has sido número uno, campeón olímpico, campeón de todos los grandes escenarios de este deporte.
Lo has hecho TODO en el tenis.
Los aficionados al tenis quieren verte jugar, pero sin sufrir. Lo de ayer nos dolió a todos, no solo a ti o a los tuyos.
Esas lágrimas son las mismas de Nadal el día de la retirada de Federer. Del que ve que toda historia tiene un principio y un final. Y aunque a veces nos neguemos a aceptarlo, tiene que ser así. Es lo bonito y lo triste de la vida, a la vez.
Quizá, por un instante, comprendiste que esta vez no estabas perdiendo contra otro tenista.
Estabas peleando contra el tiempo.
Pregúntate si necesitas pasar por algo como lo de anoche. Porque una cosa es luchar por un sueño y otra muy diferente es destrozar tu cuerpo y tu salud intentando demostrar algo que ya demostraste hace muchos años.
No necesitas un 25º Grand Slam para que valoremos lo grande que has sido.
No necesitas ganar otra vez en Melbourne.
No necesitas levantar Wimbledon una vez más.
No necesitas derrotar a Alcaraz ni a Sinner. Eso ya lo has hecho muchas veces.
No necesitas irte ganando.
Ya ganaste.
Ganaste cuando aquel niño de Belgrado terminó convirtiéndose en uno de los mejores deportistas que jamás hemos visto.
Ganaste cuando alcanzaste a quienes parecían inalcanzables.
Ganaste cuando superaste todos los récords habidos y por haber en este deporte.
Ganaste cuando conseguiste ese oro olímpico que tanto significaba para ti.
¿De verdad queda alguna cuenta pendiente?
Lo que quieres demostrar, de que se puede vencer a estos jóvenes todavía, ya lo hiciste. No tienes por qué hacerlo a cada torneo al que vas.
Y es que, Novak, no necesitas ese 25º Grand Slam que tanto se repite cada vez.
Recuerda que no hace falta que te vayas ganando, porque tú ya ganaste.
Esas lágrimas de tristeza e impotencia, anoche, al ver que el cuerpo ya no sigue el ritmo, el día de mañana serán de orgullo por todo lo que conseguiste. Lograste ganar a todos. Fuiste el mejor. Y quizá ninguno de los que a día de hoy pisamos este planeta veamos a nadie superar tus récords.
No hay mayor victoria que la de pasar a la historia de la humanidad.
Gracias por todo, Nole.
Decidas lo que decidas, quien te quiere te seguirá queriendo tanto o más. Y quien no lo hace, algún día, créeme, lo hará.
No hay estadística en los Grand Slam que no lidere Novak Djokovic.
-El que más títulos tiene
-El que más victorias tiene
-El que más Slams ha jugado
-El que más finales tiene
-El que más semifinales tiene
-El que más cuartos de final tiene
La 🐐