La Troja ya no es divertida, ni un lugar de culto, ni mucho menos templo de la salsa. Es una jaula amarilla llena de una caterva de energúmenos irracionales y violentos, una cloaca y un antro más.
La cuestión es dejar de idealisar a la persona y verla como el ser perfecto que llegó a nuestras vidas, ese es tremendo pajaso mental que nos tiramos, la cuestión es verla desde lo humano verla con sus defectos y desaciertos ahí es donde de verdad se apreciamos con quien estamos.