Siempre insisto en que el problema fundamental de las pensiones en España es sencillo de enunciar: con una población envejecida, hay un límite a cuánto podemos gastar en ellas. Determinar ese límite es, desde una perspectiva analítica, básicamente independiente de la estructura del resto del presupuesto de las administraciones públicas. Y también es básicamente independiente de que el sistema sea de reparto, como el que tenemos ahora, o de capitalización. Ese es el motivo por el que nunca me tomo demasiado en serio a quienes sostienen que la “solución” consiste en movernos a un sistema de cuentas privadas: cambiar el envoltorio contable no altera la restricción de recursos.
Tristemente, una parte muy importante de los votantes y de los creadores de opinión en España se niega a admitir esta premisa básica. Hace unas horas volví a colgar un post que escribí hace un año, en el que explico la idea en detalle:
https://t.co/RkspuMJhoo
Aquel post respondía a dos entradas de @ldpsincomplejos que eran una colección fatua de falacias. Como no me apetecía enzarzarme con ellas, me limité a indicar a mis lectores dónde podían encontrar la respuesta.
La vida, sin embargo, es paradójica, y lo que era mi respuesta a un periodista de derecha pura ha terminado siendo atacado por un destacado dirigente histórico de la izquierda española, @GLlamazares. Dejemos por un momento de lado que, como en tantos otros casos, la derecha y la izquierda más rancias coincidan en defender las instituciones que impiden el crecimiento y el bienestar de los españoles, y entremos en el fondo del asunto. @GLlamazares argumenta que:
“Si fuera algo tan obvio, cabría preguntarse por qué izquierdas y derechas, con el asesoramiento de los actuarios, profesores universitarios y técnicos de la SS, finalmente consensuamos en el Pacto de Toledo el actual modelo de pensiones. Con un coste de oportunidad equiparable.”
Le agradezco sinceramente el comentario, porque plantea la cuestión con una claridad que a mí me habría costado alcanzar. Hay dos respuestas: una obvia y otra más sutil, aunque, a la postre, más importante.
La respuesta obvia es que la economía española de 2026 se parece poco a la de 1995. Y, desafortunadamente, los desarrollos más importantes han ido en la dirección de empeorar la sostenibilidad de las pensiones públicas. Primero, la productividad lleva estancada desde hace tres décadas. Crecemos desde hace años metiendo más gente a trabajar, que no es más productiva, y eso solo agrava el problema a medio y largo plazo. Segundo, la fecundidad sigue muy por debajo del nivel de reemplazo, y lleva tiempo suficiente como para que sus efectos ya estén en la pirámide de población, no en las proyecciones. Lo que podía tener sentido en 1995 ya no lo tiene en 2026.
La respuesta más sutil es que todo el argumento es una simple apelación al consenso. Y un acuerdo, entre los representantes de los reciben las prestaciones (los votantes en 1995) y en ausencia de quienes habrán de pagarlas (las generaciones futuras no nacidas o menores de edad en 1995), no constituye un test de solidez técnica. En economía política, el Pacto de Toledo no es prueba de que el modelo fuera bueno. Es el hecho que hay que explicar.
Y la explicación es que la política se estudia mejor sin romanticismo. Izquierdas y derechas acordaron en 1995 lo que acordaron porque respondían a los intereses de sus votantes, que son las generaciones beneficiadas por el sistema actual, diseñado por el franquismo en 1963 para ser intertemporalmente insostenible. Siempre me hace gracia, aunque no me sorprende, que los mayores defensores de las estructuras económicas franquistas en España estén hoy en la izquierda. Los perjudicados, en cambio, las generaciones futuras, no estaban representados en el Pacto de Toledo, sencillamente porque no habían votado a nadie. Muchos ni siquiera habían nacido. Ni la izquierda ni la derecha tenían incentivo alguno para proteger sus intereses y los políticos, siempre, responden a los incentivos electorales.
Las democracias sufren un problema fundamental: votan los adultos, pero no los menores de edad ni quienes nacerán dentro de tres décadas. Por eso, una y otra vez, las democracias posponen los ajustes. Lo necesario se hace solo cuando no queda más remedio, lo cual suele ser demasiado tarde. Ni yo ni nadie tenemos una solución a este problema. Las dictaduras, de hecho, son todavía peores a este respecto, pues su horizonte rara vez excede el ciclo vital del dictador de turno.
Históricamente, esta capacidad de trasladar costes al futuro tenía un límite: el de la capacidad de emitir deuda. Hoy los estados modernos pueden emitir mucho más, y con poblaciones envejecidas, los votantes posponen decisiones clave, no solo en pensiones, sino en decenas de otros retos, con la esperanza razonable de haberse muerto antes de que llegue la factura.
La respuesta al comentario de @GLlamazares es, pues, meridianamente transparente para quienes no dependemos de los votos de las próximas elecciones: el Pacto de Toledo no demuestra que el modelo sea sostenible. Demuestra que en 1995 nadie tenía incentivo alguno para hacerlo sostenible.
Nota 1: La frase “Con un coste de oportunidad equiparable” emplea incorrectamente el concepto de coste de oportunidad. Pero no merece la pena insistir en ello.
Nota 2: El infográfico me lo ha pasado @SergioRiv98, que tiene muy buen ojo para el diseño.
@XMihura Yo creo que al contrario. Él ha dicho que esto es lo que le apetecía hacer. Al final está haciendo videos con colegas haciendo de presentador de televisión. Al estilo de un millonario que ha creado un videojuego con personas reales (encima famosas) a la que manda lo que hacer
@KangoInversor Tan "fácil" encontraste la carrera de mates que la defines como vacaciones, o te refieres a que solo estudiabas el mes de antes de los exámenes y el resto era muy chill
U0: Hasta que se cae Pedri hace todo bien en la jugada. Duerme el balón (2-1 minuto 92) y no está en riesgo en ningún momento de perderlo. Se resbala al intentar un pase a Ferrán que tiene de cara a merino y puede abrir a banda y perder más tiempo aún
https://t.co/IVmQIWcMBZ
@Kinai_24 Por no hablar del hecho de q el q entra en un doble grado tiende a ser de los mejores en su entorno, y acaba siendo uno del montón en la uni (excepto los 4-5 que sigan siendo top). Ese efecto psicológico también influye creo yo. Tb mi experiencia es en doble de CCSS, no STEM
@Kinai_24 Si estoy de acuerdo. Quizás puedes no centrarte tanto en la uni, pero si aprovechar para hacer otras actividades que a futuro te aporten laboralmente (al final en un doble grado acabas teniendo 10h más lectivas a la semana y 2-3 asignaturas más por cuatri con sus exámenes)
@Kinai_24 La
pregunta es, ese estudiante que saca notaza en selectividad, es mejor que haga un doble (media 7'5, p.e.) o un grado (media 9) siendo de los mejores de la promoción? Si le sumas que en los 5 años de hacer el doble le daría tiempo a un máster, la segunda opción parece mejor
Hoy se publica un informe en el que estimamos cuánto paga en impuestos y cuánto recibe del Estado cada grupo de edad en España. Los microdatos de encuestas a hogares nos dicen cómo se reparte por edades cada impuesto y cada prestación, y ajustamos esas cifras para que, sumadas sobre toda la población, coincidan con la recaudación y el gasto público observados en 2024. Cotejamos este reparto por edades con el que se obtiene a partir de una gran base de microdatos de declaraciones de IRPF (que sale muy parecido).
El ciclo vital fiscal tiene la forma que cabe esperar: un individuo representativo es receptor neto del sector público durante la infancia y la vejez, y contribuyente neto durante la vida laboral. En promedio, el saldo fiscal asignable por edad alcanza su máximo en torno a los 50 años, con una aportación neta positiva de unos 11.000€ anuales, y cae a un déficit de unos 16.000€ al llegar a los 70.
En un año dado, solo en torno al 41% de la población es contribuyente neto, es decir, aporta en impuestos más de lo que recibe en transferencias. Entre quienes tienen entre 25 y 64 años, la cifra sube al 68%, lo que genera un excedente que financia las transferencias hacia los grupos dependientes: niños y, sobre todo, mayores.
Por este motivo, el equilibrio del sistema de transferencias español depende de la realidad demográfica, y esa realidad está cambiando. Hoy hay en torno a 1,9 personas en edad de trabajar por cada dependiente, pero las proyecciones del INE la reducen a 1,33 en 2050 (1,38 en la actualización publicada el mes pasado). A medida que gane peso la población mayor crecerá también la factura de las transferencias que hay que financiar. Estimamos que en 2024 el saldo fiscal asignable por edad ya es negativo, en torno a -30.000 millones de euros, un -1,9% del PIB.
Para ver hacia dónde vamos, elaboramos un motor demográfico propio que proyecta la población española hasta 2050 bajo distintos supuestos de inmigración y de fecundidad. La idea es no limitarnos a envejecer la pirámide actual, sino dejar que cambien a la vez varias dimensiones que afectan al saldo fiscal: la estructura de edades, el nivel educativo de la población y el peso de la población de origen extranjero. Para recoger estas tendencias, desagregamos los perfiles fiscales por nivel educativo y los aplicamos a la población proyectada teniendo en cuenta cómo evoluciona su composición, diferenciando entre la población nativa y los nacidos en el extranjero. Esto nos permite estimar cuánto contribuye cada factor al cambio del saldo fiscal: el envejecimiento, la mejora del nivel educativo, un mayor saldo migratorio o una fecundidad más alta.
El objetivo de este análisis no es ofrecer una predicción de cuál será el saldo fiscal de España en 2050, sino responder a una pregunta concreta: ¿qué saldo fiscal tendría el sistema actual de impuestos y prestaciones si se aplicara sobre la estructura de población proyectada para 2050? En nuestro escenario central, esa estructura demográfica arroja un saldo fiscal negativo, en torno al -6,8% del PIB.
La inmigración suele mencionarse como una de las principales soluciones al envejecimiento y a sus consecuencias fiscales. Nuestros resultados sugieren que, si bien la entrada de inmigrantes mejora el saldo fiscal de forma apreciable frente a un escenario de saldo migratorio nulo (del -8,5% al -6,8% del PIB en 2050), pasar de un saldo migratorio moderado a uno alto apenas lo mejora más (del -6,8% al -6,1%). La razón es que la ventaja que ofrece la inmigración está limitada por tres factores. Primero, cada nueva entrada suma adultos en edad de trabajar que contribuyen, pero que llegan acompañados de hijos dependientes. Segundo, la población nacida en el extranjero tiene de media un nivel educativo más bajo que la nativa, lo que se traduce en un saldo fiscal por persona menor. Por último, la ventaja es transitoria: los inmigrantes que hoy están en edad de trabajar también se jubilarán y pasarán a cobrar pensiones.
Ese primer factor, los hijos, conecta con la otra palanca demográfica que suele proponerse: la natalidad. ¿No sería bueno para las cuentas públicas que naciesen más niños? Pues sí y no. España tiene una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo (1,1 hijos por mujer en 2024, frente al 2,1 del nivel de reemplazo), y a largo plazo una fecundidad más alta estabilizaría la pirámide poblacional en una estructura demográfica más favorable. Pero de aquí a 2050 el efecto es el contrario: un aumento sostenido de la tasa de fecundidad hasta un nuevo nivel de equilibrio añadiría población dependiente infantil sobre una pirámide ya muy envejecida, y empeoraría el saldo fiscal. El retorno fiscal de un aumento de la fecundidad solo se materializaría en la segunda mitad del siglo, cuando esas nuevas cohortes más numerosas entren en el mercado de trabajo y engrosen la proporción de población contribuyente.
Si bien buena parte de este análisis gira en torno a la demografía, también dedicamos espacio a explicar que el grueso del desequilibrio viene en realidad del diseño de nuestro sistema de pensiones, y que su origen es más actuarial que estrictamente demográfico: la rentabilidad implícita que prometen sus reglas actuales supera la que la economía puede sostener con los ingresos que genera hoy y los que se esperan a futuro. Es, en el fondo, una generosidad que el sistema no puede financiar de forma indefinida. En el informe exploramos varias vías de reforma para reconducirlo, desde alargar las carreras laborales hasta vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida o transitar hacia un sistema de cuentas nocionales.
El envejecimiento de la población intensificará las tensiones fiscales en las décadas venideras. Ese coste alguien tendrá que asumirlo, y cómo se reparte entre las generaciones actuales y las futuras es, ante todo, una cuestión de equidad intergeneracional. Los responsables de política económica harían bien en incorporar esa dimensión en el diseño de las próximas reformas del sistema de protección social, antes de que el grueso de la presión demográfica se materialice.
Todo esto y más se puede trastear en https://t.co/JEvBuG3TdP, incluyendo un pequeño panel interactivo donde podéis ver cómo cambia el saldo fiscal a futuro modificando los supuestos de fecundidad e inmigración con nuestro motor de proyecciones demográficas.
Enlace al informe completo: https://t.co/YsX69VoKV0
@miguel_almunia@JorgeGalindo
Ayer publicaba El Confidencial una larga entrevista con Feijóo:
https://t.co/snZN4J8Nwp
A menudo es más informativo comprobar de qué no habló Feijóo:
1) La palabra “pensiones” (o variaciones como “seguridad social”) no aparece nunca.
2) La palabra “fecundidad” (o variaciones) no aparece nunca.
3) La palabra “productividad” (o variaciones) no aparece nunca.
4) La expresión “déficit público” solo aparece una vez, al explicar por qué Rajoy se encontró en una situación complicada al llegar al gobierno.
5) Sobre vivienda solo dijo “¿Voy a derogar la legislación intervencionista de vivienda? Por supuesto.” y “Construimos un millón de viviendas. No tenga usted ninguna duda.”
6) Sobre inmigración, solo dijo: “¿Voy a derogar la política inmigratoria del Gobierno, desordenada, precipitada, que da derechos a lo que es ilegal? Por supuesto.”
Distintos lectores pueden ordenar estos seis problemas estructurales de España (pensiones, fecundidad, productividad, cuentas públicas, vivienda e inmigración) de manera diferente, pero es difícil argumentar que no sean los seis problemas fundamentales a los que nos enfrentamos a largo plazo. Sobre cuatro de ellos, Feijóo no dijo absolutamente nada. Sobre dos de ellos, dijo obviedades vacías.
Esta entrevista puede interpretarse de dos maneras.
Primera, que ya cerca de la Moncloa, Feijóo es reacio a dar armas al adversario explicando las reformas que quiere implementar.
Segunda, que Feijóo no piensa hacer nada serio con respecto a estos seis problemas.
Yo le doy mucha más probabilidad a la segunda interpretación. ¿Por qué? Porque el votante mediano del PP, relativamente mayor y con vivienda en propiedad, no quiere realmente que cambie nada:
1) En materia de pensiones, el votante mediano del PP quiere que el sistema se mantenga como está, porque es el principal beneficiario.
2) En fecundidad, al votante mediano del PP le importa poco el futuro demográfico de España, pues ya se habrá muerto cuando empiece a ser catastrófico.
3) En productividad, el votante mediano del PP pierde más con los costes de ajuste de la liberalización de mercados o las reformas estructurales en el corto plazo de lo que gana en bienestar en el largo plazo.
4) En déficit público, el votante mediano del PP pierde más con cualquier ajuste serio de las cuentas públicas (no, “cortar el despilfarro”, aun siendo necesario, no da para tanto; no se haga usted las cuentas del Gran Capitán que veo constantemente en X).
5) En vivienda, el votante mediano del PP es propietario de vivienda, y que esta suba de precio es su principal ganancia de riqueza. De hecho, “la legislación intervencionista” es un guiño para eliminar controles de alquileres, que, aun siendo una medida necesaria desde mi perspectiva, beneficia indudablemente a los propietarios.
6) En inmigración, el votante mediano del PP sale beneficiado gracias al flujo de caja fiscal positivo que generan los inmigrantes en el corto plazo, aunque su flujo de caja fiscal total sea negativo a largo plazo. Y muchos votantes del PP (pequeños y medianos empresarios) ganan con la presión a la baja de los salarios y el incremento del precio de la vivienda causados por la inmigración.
A fin de cuentas, el votante mediano del PP quiere la misma política económica que ha seguido el PSOE (y el PP en iteraciones anteriores), quizás con impuestos sobre la renta ligeramente más bajos y menos corrupción “de los otros” (la corrupción de “los nuestros” siempre es lawfare).
Es particularmente revelador que en la entrevista le pregunten a Feijóo si no hará como Rajoy y, al final, no cambiará nada. Feijóo, que debía venir preparado para esta pregunta, responde que Rajoy llegaba en una situación de emergencia. Esta explicación se cae por sí sola: Montoro no presentó el presupuesto hasta después de las elecciones andaluzas del 25 de marzo de 2012. Para eso sí que había tiempo.
Como llevo insistiendo últimamente: la política es siempre sin romance. El gobierno del PP no cambiará nada sustancial porque el votante mediano del PP no quiere que nada sustancial cambie. Por eso el PP ha elegido como líder a Feijóo. Y por eso cosas como cambiar la ley electoral, el bálsamo de Fierabrás de muchos, no servirán para nada. El problema de España es que los políticos llevan 30 años siguiendo a la perfección lo que quiere el votante mediano.
Hoy es uno de los peores días de mi vida. Vuelvo a lesionarme después de un año muy complicado, en el que la pubalgia me ganó muchas batallas, pero no la guerra. Conseguí superarla con trabajo, sacrificio y, sobre todo, responsabilidad.
Fue un año y medio de sufrimiento, tristeza, incertidumbre y ansiedad. No sabía cuándo volvería a jugar sin dolor ni cuándo recuperaría una vida normal. Llegué a convivir con el dolor en cosas tan simples como ir al baño, subir y bajar del coche o simplemente disfrutar del día a día.
Volver a ser feliz jugando al fútbol era mi mayor prioridad, junto a recuperar la sonrisa. Porque sin una sonrisa, sin disfrutar y sin ser feliz, no puedo rendir al máximo nivel.
Lo superé. Después apareció una lesión en el isquio, que volvió a ponerme a prueba. Una vez más dejé de sonreír, pero tampoco iba a detenerme.
Ayer me provocaron una nueva lesión tras una acción en la que un compañero de profesión actuó llevado por la frustración, el descontento y la tristeza por la situación que atravesaba. Fue una jugada que, en mi opinión, se podía haber evitado porque era completamente innecesaria.
Pero esto tampoco me va a detener. Sé que Dios tiene un plan para mí y seguiré luchando hasta el último instante para volver a hacer lo que más amo: jugar al fútbol, ser feliz y dar muchas alegrías.
Gracias de corazón a todos por vuestros mensajes de apoyo.
La historia no ha acabado nos vemos en los antes posible en este mundial
yo te lo explico tranquilo
no creo en conspiraciones de las élites en Davos planeando amargarnos el desayuno. soy más de navaja de hanlon y de emergencia sistémica: tenemos un sistema burocrático que ha alcanzado tal nivel de disfuncionalidad orgánica que solo sabe generar micro-fricciones para justificar su propia existencia
pero lo que de verdad da vértigo es el mensaje subyacente. el tapón atado es la materialización del nanny state. es el Estado asumiendo por defecto que eres retrasado
en lugar de sostener una 'high-trust society' basada en la libertad individual, la educación y la responsabilidad, el sistema claudica. y claudica porque sabe
perfectamente que esa cohesión cívica está rota. Y está rota en gran parte, porque llevamos años diluyendo la población con gente que ha sido educada fuera de nuestros estándares cívicos y de convivencia
como el Estado asume que ya no puede confiar en que tires el puto tapón a la papelera por civismo, te lo ancla físicamente a la botella. te trata como a un niño de tres años con un vaso antigoteo. el sistema te impone una restricción mecánica a ti porque ha fracasado en su tarea de mantener un estándar civilizatorio en la población general
y no solo te lo impone, sino que encima lo hace mal y de forma estúpida
me llena de una pena inmensa ver cómo la gente no solo traga con esta basura, sino que encima se enorgullece de defenderla
nos estamos acostumbrando a asimilar la decadencia. nos acostumbramos a tolerar la estupidez en lo pequeño, el tapón que estorba, la pajita que de cartón que se deshace, el termostato capado por decreto en plena ola de calor causando pérdidas mayores que las que pretenden mitigar
el problema es que cuando tu cerebro asimila que es "normal" que los objetos cotidianos dejen de cumplir su función básica, terminas asumiendo como "normal" que la red de Cercanías se caiga a trozos cada martes, que esperes meses para que te atienda un especialista o que te confisquen medio sueldo para recibir servicios del tercer mundo
si toleras y justificas que te traten como a un inútil incapaz de reciclar un trozo de plástico, acabarás tragando con la incompetencia absoluta de las
instituciones en todo lo demás
el colapso de la democracia liberal no llega con una explosión ni con tanques en las calles. llega el día en que la población se convence a sí misma de que es normal beber de una pajita de cartón
@Saritarookie@Aineasdfgh Pero lo máximo que va a cumplir es 16 años y medio por el art 76 CP. El propio Código Penal incluye reglas para que no ocurra o, al menos, se atenúe eso que dices. También hay que destacar que son 7-8 delitos distintos por lo que has sido condenado
@elratondesusa@idj_023@Whykalex@begonagerpe Claro, ella habla de cuándo pueden tener régimen de semilibertad, yo hablaba de cuál es el máximo de la pena que va a tener que cumplir, independientemente del régimen. En el vídeo ella lo dice también. Gracias por pasarlo