Qué escalofrío se pudo sentir cuando entró un tipo bajito, pero eso sí, vacilón. Poseía lo que todo el bar quería: un toque mágico pa la afición. Por qué será…
Calvo, en la pausa comercial, recuérdales a los muchachos que estos becerros están al ladito de Huelva, y no hay una puta hermandad del Rocío portuguesa, y nosotros venga a ponerles a las niñas Fátima. Esto hay que ganarlo por la Señora de las marismas, y Madre de lo universal.