A mí me encanta invitar. Ojalá tuviera más plata para poder pagar siempre y decir: "Pidan lo que quieran". Me hace feliz compartir la mesa con la gente que quiero.
Cuando te das cuenta de que todo está carísimo y, aun así, Dios no ha permitido que te falte el alimento, un techo donde vivir ni que tus manos queden vacías.