Cualquier otro se hubiera entregado. Cualquier otro hubiera cedido en el momento en que llevaba días sin agua, sin alimento y sin energía. Con la medicina racionada. Con francotiradores en la casa vecina. Cualquier otro hubiera pactado ante el acoso de los esbirros a las afueras del edificio.
No es el caso de Pedro, Omar, Maga, Humberto ni Claudia.
Qué fuerza. Qué firmeza.