— Bueno, bueno, ella es la que insiste en querer ser mi rival. Pensé que me llegaría al menos a los pies.
Rápidos reflejos le ayudaron a dar un salto antes de poder recibir aquel golpe, aprovechando el mismo para darle una patada en el abdomen.
— Eso es jugar sucio.
Era inútil. Cada golpe era rechazado por la sacerdotisa.
— Lo sé. Es imposible, porque sin mi todo se iría al demonio. ¿O crees que Sanae pueda?
Comenzó a reír, aumentando su ego.
Intento que no sirvió para nada, un rápido movimiento hizo para evitar que el golpe le diera, suspirando.
— ¡El día que eso pase, no podrás hacer nada! Serás una inútil, como ahora.
De pie se puso la miko, caminando de manera lenta hasta quedar frente a ella.
— ¿Y que harás el día que un youkai me lave el cerebro y me haga hacer cosas malas?
Bromeó, pero quería ver la reacción de su compañera.