Que tengo varias teorías sobre el amor, o mejor aún, sobre el desamor. Ortega y Gasset decía que el amor es una atención anómalamente detenida en otra persona. No sé si lo decía así, pero esa era la idea: una suspensión de la incredulidad.
Adicta a los venenos más lentos, a las bebidas más amargas, a las mentes inquietas, a los pensamientos complejos; a esos cerebros llenos de laberintos donde habitan el misterio, la sabiduría y la magia.
Adicta a las almas intensas, a esas voluntades imposibles de domesticar......
A mí nunca me verán presumir de una canariedad, si es que existe tal cosa, basada en el folclore de guagua, cholas, buen rollito y mucho sol. Canarias es mucho más que esa exotización creada para satisfacer la mirada foránea y sofocar las luchas de este pueblo.
Esta tierra es resistencia y derrota, es solidaridad y también egoísmo, es exilio y retorno, es la calma de los alisios y el horror de la calima, es historia viva e historia borrada. Porque te quiero, te cuido y te entiendo. Esa es mi canariedad: una mezcla de magua y amor.
Creo que una de las peores tragedias de la vida es cuando te encuentras con alguien que quieres y que te quiere, pero tienen diferentes maneras de querer y demostrar amor, hasta que se alejan pensando que no se querían, cuando en realidad sí lo hacían.