Siempre recuerdo la vez que fui a Misa y le dije a Jesús: “Nunca me dejes”. Al terminar la misa me percaté que tenían una Biblia abierta a un costado del altar, me acerqué con curiosidad y leí asombrado en Hebreos 13, 5: “Nunca te dejaré ni te abandonaré”.