Puedes estar harta, mentalmente destruida, al borde del colapso y, aún así, hacer las cosas bien, con respeto y como debe ser.
Y eso se llama ser una maldita mujer.
Nunca olvides a quien estuvo ahí para darte calma en tus momentos más difíciles, a quien te ofreció un hombro, un beso o un abrazo cuando más lo necesitabas. Nunca olvides a quien te brindó refugio cuando sentías que todo se venía abajo. Hay personas cuya presencia siempre merece ser recordada con cariño y gratitud.