“El libertario ve al Estado como una banda gigantesca de criminales organizados que viven del robo llamado «impuestos» y utilizan los beneficios para matar, esclavizar y, en general, abusar de la gente...Cualquier propiedad en manos del Estado está en manos de ladrones.”
Rothbard
Y todo esto partiendo desde las bases lógicas de lo que la acción humana es y cómo funciona en los mercados. Literalmente una escuela de economía basado en un axioma, increíble
Ludwig von Mises demostró que el socialismo no fracasa por falta de buena voluntad, corrupción o errores de ejecución, sino por un problema lógico y estructural. En una economía socialista, al eliminarse la propiedad privada de los medios de producción, desaparecen los intercambios voluntarios entre propietarios y, con ellos, los precios de mercado reales. Sin precios formados libremente, la economía pierde su principal sistema de información.
Los precios no son simples números, para Mises son señales que condensan información dispersa sobre escasez, preferencias, costos y alternativas. En una economía de mercado, los empresarios utilizan los precios para comparar opciones, calcular costos, estimar beneficios y decidir qué producir, cómo producir y para quién producir. Este proceso es lo que Mises llama cálculo económico, y es imposible sin precios surgidos del intercambio privado.
Cuando el Estado reemplaza el mercado por la planificación central, los precios dejan de reflejar la realidad económica. Pueden existir precios “administrados”, pero estos no expresan escasez relativa ni valoraciones reales. En ese contexto, el planificador no puede saber si conviene construir una ruta o un ferrocarril, producir acero o aluminio, invertir en una fábrica o en otra. No hay forma racional de comparar alternativas porque no existe una unidad común de cálculo.
La consecuencia inevitable es la mala asignación de recursos. Se producen bienes que la sociedad no necesita mientras faltan bienes esenciales; aparecen simultáneamente escasez y excedentes, despilfarro de recursos y caída de la productividad. Este desorden no es accidental: es el resultado directo de decidir sin información económica válida. Para Mises, el caos no es una falla del socialismo, sino su funcionamiento normal.
Por eso Mises concluye que el socialismo es impracticable como sistema económico complejo. No puede planificar eficientemente porque ha destruido el mecanismo que permite planificar: el mercado. Sin propiedad privada no hay precios; sin precios no hay cálculo; sin cálculo no hay planificación racional. El resultado final es estancamiento, empobrecimiento y crisis recurrentes.
En síntesis, la tesis de Mises no es ideológica sino científica, sin cálculo económico no puede existir una economía moderna funcional. Cualquier sistema que elimine los precios de mercado está condenado a tomar decisiones a ciegas, independientemente de las intenciones de quienes gobiernan. Esa es la razón profunda por la cual, una y otra vez, los experimentos socialistas terminan en fracaso económico.
Una vez se comprenden que los precios son información actualizada del mercado y que, como tal, carecen de cualquier estatus moral entonces se deja de pensar en "precios justos" de cualquier bien y se deja de intentar controlarlos. A menos que seas político y busques votos.
Rothbard’s most useful political rule for 2026:
Never judge a government power by the politician holding it today.
Judge it by the worst person who could inherit it tomorrow.
And tomorrow could suck.
Una de las cosas que más me fascina del pensamiento de izquierda es la falta de coherencia.
1- Te dicen que el marco de oferta y demanda no funciona para la vivienda. Y luego proponen restringir la demanda para que no suba el precio.
2- Te dicen que los impuestos no desincentivan la actividad económica. Y luego proponen poner "freír a impuestos a los que tienen viviendas para que deje de ser un negocio"
3- Así con todo, subvenciones a los toros incentivan los toros, pero las subvenciones a los vagos no incentivan los vagos.
Es como si tuvieran ya elegido de antemano el resultado (siempre más intervención) y buscaran la justificación después.
Es como si fueran deshonestos. O quizá es que son deshonestos.
Muslim responding to the rapes in Ceuta:
“If parents leave a 15- or 16-year-old girl alone, it's normal for her to be raped. The fault lies with the parents."
We cannot coexist with these people.
No he conocido a ningún presidente de izquierda qué busque disminuir el poder del estado sobre el ciudadano para que se emancipe. No, que sin el amado líder dicha emancipación es imposible y necesita más controles para proteger tu libertad... y se la creen.
La Izquierda nos ha vendido históricamente una imagen de rebeldía.
Se presenta como la fuerza que viene a desafiar al sistema, a romper con el orden establecido y a transformar la sociedad.
Pero la triste verdad es que la izquierda es, en muchos sentidos, la mayor defensora del status quo.
Porque cuando hablan de cambiar el sistema, nunca hablan de destruir las estructuras que realmente concentran el poder.
Hablan de mantenerlas.
De administrarlas.
O de expandirlas.
El Estado ha demostrado sobradamente ser ineficiente, pero la solución de los zurdos siempre consiste en darle más recursos y más poder.
¿Eso es rebeldía?
NO.
Defender al Estado no es rebelarse contra el poder. Es defender al poder.
La verdadera rebeldía no consiste en rogar al Estado que intervenga más.
Consiste en cuestionar por qué debe tener el poder que tiene en primer lugar.
Eso demuestra que no quieren cambios reales. Solo quieren administrar el mismo tablero con otros jugadores.
Y por eso los zurdos siempre han estado cómodos en Estados gigantescos.
Es una ideología en la que el individuo permanece inmóvil, hundido en la pereza y a la espera de lo que los demás lo sustenten.
Eso no es emancipación.
Es simple dependencia con una bandera de rebeldía.
La izquierda puede vestirse de revolución, hablar de transformación, llenar las calles de grafitis y presentarse como enemiga del sistema.
Pero cuando llega el momento de tocar realmente las estructuras de poder, hace exactamente lo contrario.
Y la izquierda lleva demasiado tiempo vendiéndose como revolución mientras lucha, precisamente, por conservar aquello que dice combatir.
FIN.