Sí, es preciosa, pero cuando la miras de verdad notas otras cosas, que las multitudes la agobian, que mueve las manos cuando se pone nerviosa, que le cuesta sostener la mirada o saber qué hacer cuando recibe un cumplido, le gustan los detalles pequeños y detesta las discusiones.
También se nota que a veces es demasiado dura consigo misma por cosas que le dolieron antes y cuando está feliz, sonríe muchísimo y habla sin parar… pero tú te quedas perdido en sus ojos.