He leído a prácticamente todo Monsiváis, fui a la presentación de 6 de sus libros, leí de forma rigurosa en mi adolescencia todos los artículos del momento, tuve la oportunidad de cenar con él en el ópera, lo escuché hablar y dilucidar. Monsiváis nunca sería tan pueril y vano.
@Jime2002_ Es más interesante como una “opinóloga” como tú no sepa que representa la referencia del “capital” en esos twits (sic), y haga un reduccionismo tan ignorante del mismo. Más parece últimamente se moja con el comunismo, le concede placer.
¡Gran y real historia de Bladimir!
Este soy yo. Presté servicio militar durante los dos gobiernos de Uribe un año al terminar el primer gobierno, y un año al iniciar su segundo gobierno, estuve en los años más duros de la guerra. Fueron dos años de servicio militar obligatorio en los que apenas recibía 30.000 mil pesos al mes, una suma que apenas alcanzaba para comprar jabón y prestobarba.
La mayoría de los soldados éramos hijos de campesinos, obreros y familias de escasos recurso. Jóvenes hijos de pobres que terminábamos poniendo la cabeza, arriesgando la vida y cargando con las consecuencias de la guerra. Estuve 3 tres batallones y entre miles de soldados, nunca vi al hijo de un congresista, de un gobernador, de un ministro, de un gran empresario o de un político influyente compartiendo las mismas filas militares.
Cuando presté el servicio militar, pasábamos hambre. La comida era mala y escasa. Muchas veces eran las familias las que tenían que llevarles comida y dinero a los soldados para aliviar las necesidades que el Estado no cubría. Esa era la realidad de quienes estaban en el terreno.
Los que promueven la guerra casi nunca ponen a sus propios hijos en ella. Los hijos de los políticos no van a la guerra. Los hijos de los candidatos presidenciales no van a la guerra. Los hijos de los senadores no van a la guerra. Los hijos de los grandes empresarios no van a la
guerra.
Y tuvo que llegar un exguerrillero a la Presidencia para mejorar las condiciones y la calidad de vida de las Fuerzas Militares. Hoy los soldados reciben cerca de 2 millones de pesos mensuales por prestar servicio militar. Paradójicamente, un exguerrillero terminó impulsando medidas que dignificaron a las Fuerzas Militares. Gracias a Petro esos jóvenes hoy pueden enviarle dinero a sus familias para el mercado.
A la guerra van los hijos de los pobres.
Son los hijos de campesinos, de obreros, de madres cabeza de hogar y de familias humildes los que terminan patrullando montañas, enfrentando emboscadas, recogiendo heridos y muriendo en combate. Son ellos quienes pagan con sangre las decisiones que otros toman desde la comodidad de sus privilegios.
A mí me tocó ayudar a recoger cadáveres de soldados y guerrilleros de entre 17 y 24 años. Muchachos que apenas comenzaban su vida. Ninguno era hijo de la élite política del país. Ninguno era hijo de quienes aparecían en televisión defendiendo la guerra. Eran jóvenes humildes, colombianos comunes, convertidos en víctimas de un conflicto que no diseñaron.
En esa época, para salir a vacaciones, muchos soldados tenían que pedir o, conseguir prestado para el pasaje. En el proceso del servicio militar se recibían golpes, planazos, insultos, castigos y diversas formas de humillación y tortura. Incluso se denunciaban casos graves de abuso y violencia sexual contra soldados por parte de algunos oficiales, soldados que terminaron en el psiquiátrico por la presión y maltrato por parte de los oficiales.
Por eso, cada vez que escucho a un político decir que esta firme con la patria, me hago la misma pregunta: si están tan convencidos y firmes, ¿por qué nunca envían a sus propios hijos a la guerra?
La historia de Colombia demuestra que las guerras suelen ser decididas por los poderosos, pero son peleadas y sufridas por los hijos de los pobres.
Atentamente,
Bladimir Espitia
Reservista del Ejército Nacional
[email protected]