Acabo de caminar por el centro histórico de Oaxaca al atardecer: los aromas de mole, las calles adoquinadas y el sol dorado en las fachadas coloniales hacen que cada paso sea un recuerdo que guardo para siempre.
En el show de stand-up, le pregunté a mi abuela por qué nunca se queja: "Qué Gastar energía en reclamar cuando ya me quedaron todas las fotos de los nietos"