El urugayo en su mayoría es humilde y laburante. Tranca los panes porque sabe que la tiene difícil y frente a la adversidad se hace fuerte. Se hace respetar, sí. No es favorito, no lo asume, no se planta desde un lugar de soberbia. Las redes nos mataron hasta la identidad. Duele.
@Martincito1857@Nacional@Libertadores No pero hay gente que quiere que se vaya bava , cuando hace tiempo el problema son los jugadores que se van comiendo al Dt de turno…
Hoy 1º de febrero de 2026 el Estadio Centenario estuvo lleno. Tricolores y aurinegros coparon las tribunas, gente que hizo cientos de kilómetros, dejó familia, laburo y plata solo para ver esos colores que le dan sentido a la vida.
¿Y qué recibió a cambio? Un partido para el olvido.
Porque no fueron 90 minutos. Fueron 120… más penales.
Aunque, siendo justos, de fútbol jugado habrá habido unos 20 minutos con viento a favor. El resto: interrupciones, protestas, faltas inventadas, simulaciones dignas de un casting y un juez con una necesidad incontrolable de ser protagonista.
El clásico más antiguo del mundo convertido en una siesta televisada que ese tenía la opción de cambiar de canal y ver otra cosa pero para el que fué el partido fué un suplicio.
Jugadores caminando la cancha, otros sin ganas, jugando para los costados sin ina idea clara de que hacer con la pelota, otros cuidando más el peinado que la pelota. En un momento el partido invitaba —con mucha cortesía— a levantarse e irse antes, porque era directamente inmirable.
El hincha no merece esto.
No merece gastar tiempo, plata y corazón para comerse semejante bodrio. No merece ver cómo se mata el ritmo, se enfría el juego y se confunde intensidad con nada.
Si así pretendemos “vender” el fútbol uruguayo al mundo, avisen antes: así llevamos almohada.
Estamos en una nueva etapa, con licitación, con discurso de crecimiento, con promesas. Bueno… quizá sería hora de que las autoridades también jueguen el partido y dejen de premiar este estilo que duerme hasta al más fanático.
Y esto también va para los jugadores:
valoren al hincha. Valoren los recibimientos, las banderas, las gargantas rotas, la fidelidad eterna.
Porque el corazón del club es el hincha.
Y si no lo cuidan, no matan un partido: matan una pasión que es para siempre.