Lloré sola, dormí sola, me desahogué sola, me calmé los ataques de ansiedad sola, me sentí sola, me aconsejé sola, comí sola, paso tiempo sola. Nadie vivió mi vida, ni lloró mis lágrimas, entonces nadie tiene derecho a juzgar mi forma de ser.
Me van a funar. Pero enseñar a tu hijo varón a servirse solo y recoger su desorden no es quitarle su masculinidad. Es evitar que sea el parásito emocional de su futura pareja.