No faltó dinero para camionetas de lujo para funcionarios.
No faltó dinero para conciertos con artistas internacionales.
No faltó dinero para construir un estadio de béisbol enorme.
No faltó dinero para campañas políticas.
No faltó dinero para pagar abogados de un dictador.
No faltó dinero pasa enviar a Cuba y demás países afines.
Pero nunca hubo para los hospitales, ni para los centros de atención, ni para los cuerpos de seguridad, ni para los bomberos, ni para los paramédicos, ni para contingencias.
El que me diga que no hay nada político en esta desgracia, merece una cachetada.
El chavismo debe pagar por esto.
Que no se olvide nunca que los rescatistas en este país están trabajando con las uñas para salvar a la gente, arriesgando sus propias vidas, en jornadas larguísimas.
Y que no se olvide nunca de quién es la culpa de que ellos no tengan ni una linterna.
Las mujeres que saben trabajar y amar de verdad, no se derriten por dinero, se derriten por respeto, cuidado, amor verdadero y responsabilidad afectiva.
Suena a cliché, pero cuanto más leo, más consciente soy de la inmensidad del conocimiento y de todo lo que aún ignoro. La lectura, más que certezas, suele regalarnos humildad.
El amor propio no es quererse mucho ni repetirse frases motivadoras frente al espejo. Es algo más concreto y más exigente: es actuar en consecuencia cuando alguien cruza una línea.
Eso implica reconocer que hay un límite, lo cual no siempre es fácil.
Te pueden gustar los libros y el maquillaje a la vez.
Ir de fiesta cada fin de semana y sacar buenas notas.
Decir “palabrotas” y ser culta.
Tener amigos hombres y aún no haber besado.
Beber y fumar, y ser buena persona.
No estereotipen. No juzguen. No generalicen.