@jaroslav73@tanyazkrusek na to, aby mohl být člověk automechanikem, učitelkou, hercem... dosaď si sám.... nemusí být nutně nějakej lumen
a při tom svoji práci může dělat plusmínus dobře
třeba automechanici kolektivně neumí telefonovat... 20 let se to stále potvrzuje
Argentina acaba de registrar la cosecha más grande de su historia. Ciento sesenta y tres millones de toneladas de granos en la campaña 2025/2026, veinte millones más que el ciclo anterior y veintiún por ciento por encima del récord previo de 2018/2019. Maíz récord absoluto con setenta millones de toneladas. Trigo récord con casi veintiocho millones. Girasol récord con 7,4 millones. Soja muy cerca de máximos históricos.
Hace pocos años el kirchnerismo discutía si Argentina podía alcanzar los cien millones de toneladas. Los lock outs, las retenciones móviles, las restricciones a la exportación, la Resolución 125, todo construido sobre la idea de que el campo era un enemigo al que había que castigar. El resultado fue previsible. Producción estancada, inversión paralizada, salida masiva de capital y una sequía en 2022/2023 que encontró al sector sin reservas para resistir.
Después llegó Milei. Bajaron las retenciones a la soja del 33 al 24 por ciento, al maíz al 8,5, al trigo y la cebada al 5,5. Las economías regionales, los lácteos, los porcinos y la carne vacuna quedaron en cero. Se levantó el cepo para personas físicas y jurídicas, se ordenó el tipo de cambio dentro de un esquema de bandas, se devolvió previsibilidad. Por el Decreto 273/2025 se liberó la importación de maquinaria agrícola usada eliminando el certificado CIBU que durante treinta años funcionó como una prohibición de facto, y el productor pudo finalmente acceder a tractores, cosechadoras y sembradoras a precios competitivos. El productor respondió como responde siempre cuando lo dejan trabajar: sembrando más, invirtiendo más, produciendo más.
Esto es lo que pasa cuando liberás al campo del socialismo. El agro argentino aportará más de 36 mil millones de dólares en exportaciones este año, seis de cada diez dólares que ingresan al país vienen del sector agroexportador. No hay plan social que genere esa cantidad de divisas. No hay subsidio que reemplace esa productividad. Solo hace falta sacarle al Estado las manos de encima al que produce.
La lección es vieja y se repite en cada país que la aplica. Cuando el Estado deja de robarle al campo, el campo alimenta al país. Cuando deja de castigar al productor, el productor genera la riqueza que paga los hospitales, las escuelas y las rutas. Ciento sesenta y tres millones de toneladas no son una casualidad climática. Son la consecuencia directa de un cambio de modelo.
Argentina vuelve a ser el granero del mundo porque finalmente entendió que la prosperidad no se decreta, se libera.
@MichalVlcek73@Jan59088163@HlaPetr Kdo to psal? Zda se, ze autor vidi snizovani administrativni zateze za kazdym bukem. Velmi naivni predstava. Ty cisla maji stejnou "kvalitu"?
Když Čína omezuje VPN, je to jasný důkaz totality. Když Rusko omezuje VPN, je to jasný důkaz totality. Když EU chce omezit VPN, je to jasný důkaz.... svobody a demokracie?
Segunda Ley de la Termodinámica
En un laboratorio austero de finales del siglo XIX, un físico austriaco llamado Ludwig Boltzmann observaba con fascinación y melancolía cómo el universo parecía tener una dirección irrevocable. Las tazas de té se enfriaban, los aromas se dispersaban, los relojes se paraban. El orden siempre se deshacía. Jamás al revés. De aquellas observaciones surgió la Segunda Ley de la Termodinámica: en un sistema cerrado, la entropía, o la medida del desorden, de la aleatoriedad, de la energía inutilizable, tiende a aumentar de forma inexorable. El orden no es el estado natural; es una conquista frágil que exige energía constante y estructuras complejas para mantenerse.
Un cristal puede romperse en mil pedazos; los pedazos jamás se reordenan solos en un cristal. Un huevo se rompe y se derrama; nunca vuelve a su forma perfecta. Para combatir esta tendencia universal se necesita un flujo constante de energía externa y mecanismos sofisticados de organización. Sin ellos, todo sistema tiende al equilibrio térmico, al caos molecular, a la máxima entropía.
Esta ley física, una de las más irrefutables de la ciencia, no se detiene en los laboratorios. Se manifiesta también en las sociedades humanas, que no son más que sistemas complejos de millones de individuos con sus propios incentivos, información y deseos.
A lo largo del siglo XX, los regímenes socialistas planificados intentaron desafiar esta ley con arrogancia prometeica. Creyeron que un puñado de planificadores centrales podía imponer orden perfecto sobre economías inmensamente complejas por medio de decretos, cuotas y planes quinquenales. Diseñaron un gran sistema cerrado: el Estado lo controlaba todo, desde los precios hasta los destinos individuales.
Pero la entropía humana, el impulso natural de cada persona a minimizar el esfuerzo propio y maximizar el beneficio personal cuando los incentivos están distorsionados, comenzó a crecer de inmediato. La información se dispersaba, los incentivos se corrompían, la coordinación se volvía imposible. Para combatir ese desorden creciente, los planificadores necesitaron inyectar cada vez más «energía externa»:
- propaganda masiva
- policía secreta
- campos de concentración
- gulags
- Stasi
- vigilancia total.
La represión no era un accidente; era el precio termodinámico de mantener un orden antinatural. Sin ella, el sistema volvía rápidamente al caos.
El colapso de la URSS en 1991 fue un ejemplo clásico de aumento brutal de entropía. Cuando la coerción falló, el orden impuesto se desintegró en hiperinflación, escasez generalizada, mafias, corrupción y desindustrialización. Venezuela repitió el experimento décadas después con resultados aún más visibles: de país rico en petróleo a nación donde la gente rebusca comida en la basura. El sistema cerrado se había saturado de desorden.
En contraste, el capitalismo de mercado funciona como un sistema abierto termodinámicamente eficiente. No intenta imponer orden desde arriba. En su lugar, utiliza precios, competencia y propiedad privada como mecanismos disipativos de información y energía. Los precios actúan como señales que canalizan recursos hacia donde más se necesitan. La competencia castiga el error y premia la coordinación. El fracaso empresarial es entropía localizada que se disipa rápidamente, permitiendo que nuevos experimentos surjan. No se necesita un gulag para que la gente trabaje: el beneficio propio, alineado con el servicio al prójimo a través del intercambio voluntario, genera orden espontáneo.
La izquierda cultural contemporánea repite el mismo error termodinámico en otro plano. Intenta imponer por decreto un «orden social justo», equidad de resultados, diversidad obligada, lenguaje purificado, pensamiento correcto, sobre sociedades complejas. Cuando la entropía natural de las diferencias humanas, las preferencias individuales y los incentivos reaparece, responde con más coerción:
- cultura de la cancelación
- vigilancia digital
- adoctrinamiento en las escuelas
- leyes de odio.
Nuevamente, represión creciente para combatir el desorden que ellas mismas generan.
La Segunda Ley no es cruel; es indiferente. Simplemente nos recuerda una verdad incómoda: el orden social valioso no se decreta, se cultiva. Requiere sistemas abiertos que disipen la entropía de forma continua y local, en lugar de acumularla hasta el colapso. Los experimentos que ignoran esta ley terminan siempre igual. Primero con promesas de paraíso planificado, luego con cárceles para mantener la ilusión, y finalmente con ruinas humeantes cuando la energía de la coerción se agota.
Pourquoi les intellectuels sont-ils si souvent socialistes ?
Les intellectuels pourraient avoir un faible pour les théories qui ouvrent la porte à une forme d’ingénierie sociale, qui impliquent que les changements positifs doivent être impulsés par le haut, de manière verticale. Pourquoi ? Parce que si le progrès naît de la mise en place de la recette de la bonne société, alors les intellectuels sont les garants du bonheur de leurs concitoyens, investis d’une mission : orienter la société vers un avenir meilleur. En revanche, si le progrès advient surtout par le bas, par l’initiative spontanée d’individus, par la société civile, par le marché, alors les intellectuels doivent se limiter à un travail descriptif, et ne peuvent avoir d’influence significative, en tout cas pas d’influence positive significative.
« L’idée de reconstruire entièrement la société, notait Hayek, séduit davantage l’intellectuel que les réflexions plus pragmatiques des tenants d’une amélioration graduelle de l’ordre établi. » Dans L’Opium des intellectuels, Raymond Aron raconte que si l’intelligentsia française, pendant la guerre froide, était plutôt hostile aux États-Unis, c’était justement parce que le pays avait enregistré d’immenses progrès grâce à l’entreprise individuelle de ses citoyens plutôt que par le biais d’une idée de génie (le communisme) appliquée à tous. [...]
Thomas Sowell, lui, constate que les intellectuels ont tendance à étudier, décrire et s’enthousiasmer pour les périodes de l’Histoire où ont eu lieu des changements législatifs (nouveaux droits, acquis sociaux, etc.) dont ils imaginent pouvoir s’attribuer partiellement le mérite, mais semblent indifférents aux améliorations de la condition humaine, parfois plus significatives, imputables à la vitalité de la société civile (même lorsque ce sont précisément ces progrès qui rendent possibles les acquis sociaux des décennies suivantes). [...]
Encore aujourd’hui, les sciences sociales ne se passionnent pas pour l’extraordinaire amélioration des conditions de vie en quelques décennies à Hong Kong, à Singapour, ou en Corée du Sud, permise par la réduction du poids de leurs gouvernements dans l’économie. Ce qui soulève une question : les intellectuels se disant attachés à la justice sociale ont-ils comme priorité l’amélioration du sort des plus malheureux, ou bien l’affirmation de leur propre importance dans l’amélioration du sort des plus malheureux ? « Ce qui préoccupe réellement les doctrinaires, écrivait Gustave Le Bon, ce n’est pas l’avènement du socialisme mais l’avènement des socialistes. »
Dans la même veine, l’essayiste Vera Nikolski a montré que les intellectuels sous-estiment l’influence du progrès technique dans la libération de la femme (électroménager, pilule, avortement, augmentation générale de la productivité ayant dévalué l’importance de la force physique) et surestiment celle des idées égalitaristes. Il est aussi amusant de noter qu’au XIXe siècle, pendant que John Stuart Mill appelait les universités à former « des esprits capables d’améliorer et de régénérer la société », décrivant l’élite intellectuelle comme des « têtes pensantes », « en avance sur le reste de la société », « sans qui la vie humaine serait stagnante » , la révolution industrielle transformait radicalement la condition humaine. Elle était menée entre autres par Thomas Edison et Henry Ford, qui n’étaient presque pas allés à l’école, et par les frères Wright (inventeurs du premier avion), qui n’avaient pas le bac. [...]
La discussion présente peut offrir une réponse à cette interrogation : comment expliquer la « tyranophilie » des intellectuels ? Pourquoi, tout au long du 20ème siècle, ont-ils affiché une telle complaisance pour les dictateurs de la pire espèce ? Réponse du philosophe Roger Scruton : « Les intellectuels sont naturellement séduits par l’idée d’une société planifiée, car ils pensent qu’ils en seront les responsables. » Selon l’anarchiste russe Bakounine, le but réel des intellectuels marxistes était l’instauration d’une « pédantocratie », c’est-à-dire un régime dans lequel les pédants (ici, les théoriciens marxistes) exerceraient les responsabilités. Le tort des démocraties libérales serait donc qu’étant libérales, elles « laissent une part à l’action spontanée de tous et de chacun, s’interdisent l’ambition de construire l’ordre social selon un plan et de soumettre l’avenir à leur volonté » (Aron). Si à l’inverse, le communisme a tant plu à l'intelligentsia, c’est peut-être car il s’agit, selon la formule de Jan Waclav Makhaïski, d’un « régime basé sur l’exploitation des ouvriers par les intellectuels ».
Orwell, dès 1946, livrait la même analyse. Au Royaume-Uni, les intellectuels les plus favorables à Staline, écrivait-il, sont « en général des individus sans éclat, frustrés par le système […], avides de plus de pouvoir et de reconnaissance. Ces individus se tournent vers l’URSS et y voient, ou croient y voir, un système qui élimine la classe supérieure, maintient la classe ouvrière à sa place et accorde un pouvoir absolu aux gens comme eux. […] Leur désir inavoué : remplacer le socialisme égalitaire par une société hiérarchisée où l’intellectuel pourrait enfin s’emparer du fouet ».
De retour d’un voyage à Cuba, Simone de Beauvoir, enthousiaste, a raconté la façon dont Sartre, elle-même et Fidel Castro ont arpenté l’île, notamment pour que ce dernier puisse « gronder » les paysans, leur « demander de faire mieux ». Un jour, ils sont passés devant des ouvriers qui construisaient un village. En un coup d’œil, Castro a discerné des défauts dans le projet architectural. Alors il « s’est jeté par terre de tout son long et il a dessiné sur le sable le plan d’un village ; on lui a apporté un bout de carton où il a recopié le plan. Les paysans l’ont acclamé : ils suivront ses indications. » Les ouvriers cubains, relate-t-elle avec ravissement, avaient « tout le temps la tête levée » pour voir si l’hélicoptère de Castro arrivait, avec l’espoir que celui-ci descende du ciel pour les éclairer de ses lumières. On ne peut donner plus belle métaphore de la verticalité.
En lisant l’entretien où de Beauvoir dit toute son admiration pour la dictature cubaine, il est difficile de ne pas y déceler une forme de paternalisme intellectuel, une fascination romantique pour un modèle de société où une élite éclairée guide le petit peuple dans le droit chemin. Cela semblait d’ailleurs être l’un des fils directeurs de sa pensée politique. Quelques années plus tôt, elle se réjouissait que le régime maoïste, par son appareil de propagande, tienne le peuple « au courant des événements », « lui en explique le sens et les raisons » et « le forme politiquement ». Comme le notait Orwell, certains intellectuels ne voient pas « la révolution comme un mouvement des masses auxquelles ils souhaitent s’associer ; ils l’envisagent comme un ensemble de réformes que eux, savants, vont imposer aux autres, membres de l’ordre inférieur ».
🤬🇪🇺 EU-VERMÖGENSSTEUER: 30.000 EURO PRO JAHR - ABGEZOGEN OHNE EINEN VERKAUF!
Stell dir vor, du wachst am ersten Januar auf, machst dir einen Kaffee, schaust aus dem Fenster. Du hast nichts verkauft, nichts bewegt, nichts realisiert. Dein Depot liegt da, wo es seit drei Jahren liegt. Deine Wohnung gehört dir, du wohnst drin, fertig. Und trotzdem hat der Staat dir in dieser Nacht 30.000 Euro abgezogen. Einfach weil du existierst. Einfach weil du Vermögen hast.
Das ist die EU-Vermögenssteuer, und sie kommt.
Die Mindestsätze, die Brüssel diskutiert, liegen bei 1,5 Prozent ab 2 Millionen Euro Bestand. Klingt klein, ist eine Lüge.
Rechne nach. Du hast 2 Millionen. Davon 800.000 in einer Eigentumswohnung, 800.000 in einem Aktien-ETF, 400.000 in Bitcoin. Du hast nichts verkauft, nichts realisiert. Trotzdem werden 30.000 Euro pro Jahr fällig. In zehn Jahren sind das 300.000 Euro, ohne dass du je eine Position geschlossen hättest. Ohne dass du je einen Cent Gewinn gesehen hättest. Dreihunderttausend Euro für die Tatsache, dass du Eigentum besitzt. Und 1,5 Prozent ist die Untergrenze, nicht die finale Zahl.
Du sagst: dann gehe ich. Genau das hat Brüssel kommen sehen. Deutschland hat die Wegzugssteuer schon, §6 AStG für Kapitalbeteiligungen, und die letzte Ampel hat sie sogar auf ETFs ausgeweitet. Wer rauszieht, soll den Buchgewinn auf seine Anteile sofort versteuern, obwohl er nichts verkauft hat. Stundung möglich. Aber die erweiterte beschränkte Steuerpflicht nach §2 AStG hängt dich nochmal zehn Jahre nach dem Wegzug an Deutschland.
@sparbuchfeinde hat es vor sechs Wochen sauber zerlegt: ausgerechnet die FDP, die liberalste Partei im Land, hat die Wegzugssteuer auf ETFs erweitert. Und @perspektiveausland warnt seit Monaten, dass das Zeitfenster sich schließt - wer auswandern will, sollte nicht mehr auf irgendwann warten. Genau in diesem Moment kommt die Vermögenssteuer aus Brüssel obendrauf.
Das funktioniert wie eine Zahnpasta-Tube ohne Boden. Brüssel weiß, dass du nicht wegkommst. Die Wegzugssteuer wirkt wie die Mauer am Ausgang, die Vermögenssteuer wie die jährliche Miete dahinter. Und wer bleibt, zahlt auf jedes Asset, das nicht physisch verschwindet - auf das Haus, das er bewohnt, auf das Depot, das er nie anrührt, auf jeden Vermögensblock, der über zwei Millionen wächst.
@JanvonWaldheim hat seine Wegzugssteuer 2021 bezahlt und keinen Cent bereut. Vier Jahre später wäre dieselbe Rechnung ein Vielfaches. Wer früh ging, kam günstig raus. Wer wartet, zahlt das Privileg.
Die deutsche Wirtschaft stagniert seit drei Jahren, die Schulden, Renten und Sozialausgaben laufen weiter nach oben, und alles, was an Aufkommen fehlt, holt sich der Staat dort, wo er es findet. Nicht beim großen Konzern mit irischer Tochtergesellschaft. Bei dir.
Eigentum war einmal ein Schutz. Diese Phase endet jetzt.
30.000 Euro. Pro Jahr. Ohne Verkauf.