Ricardo Salinas Pliego
Conocido como “el Tío Richi”, no se volvió enemigo del pueblo por ideales ni por amor a la patria: se volvió así desde el día en que por fin le pusieron un alto.
Vivió décadas sintiéndose intocable: evadiendo impuestos, cobrando intereses de usura, manejando su televisión como si fuera su propia tribuna personal para mentir, desinformar y dar línea a su antojo. Pero cuando este gobierno le dijo “pague lo que debe”, le quitó sus privilegios y no le aceptó tratos especiales, ahí se le rompió el orgullo y se le nubló la razón.
Hoy no razona, solo siente rencor. Ya no habla de propuestas, ni de leyes, ni de mejorar al país: amenaza, grita, difama y suelta frases peligrosas. Dice que “ya no basta con las urnas ni con las redes”, que hace falta “algo más fuerte”, y todos sabemos a qué se refiere: incita al caos, a la desobediencia y hasta a la violencia, solo por vengar su ego herido.
Tiene más dinero del que podría gastar en diez vidas, pero no le sirve para ser feliz ni para tener paz. Porque para él no vale el dinero, vale mandar, vale sentirse por encima de todos, vale que nadie jamás le diga que “no”. Su ambición no tiene techo, pero su cordura ya se le acabó hace tiempo.
Como bien se dice: Su ego es más grande que su cerebro. Y por más que grite, por más que invierta millones en atacar, tiene el mismo destino que todos los que creen que son más que el pueblo: se quedará gritando solo, con todo su oro, pero sin ninguna autoridad moral ni el respeto de nadie.
Jaque mate
#LaPerraDeTrupm