Hay imágenes que una cámara puede captar, pero hay emociones que ninguna fotografía será capaz de explicar jamás.
No puedo imaginar el miedo que debieron sentir los animales cuando el fuego avanzaba sin descanso, convirtiendo su hogar en un infierno. El humo, el calor, el ruido de las llamas... y la desesperada búsqueda de una salida entre un bosque que conocían de memoria y que, en apenas unas horas, dejó de existir.
Cuando me vieron, no huyeron. Me miraron. Durante unos segundos permanecimos en silencio, compartiendo un instante imposible de describir. La corza, agotada, bajó lentamente la cabeza y terminó sentándose sobre las cenizas, como si ya no le quedaran fuerzas para seguir. El macho, más receloso, permanecía de pie, oculto tras los troncos carbonizados, vigilante, protegiéndola incluso cuando él mismo apenas podía sostener el peso del cansancio.
Fue entonces cuando sentí un nudo en la garganta. En sus ojos no había rabia. Solo había agotamiento, desorientación y una inmensa tristeza. Confieso que la vista se nubló por la emoción. Porque entendí que el incendio no solo había quemado árboles; había destrozado hogares, rutas de escape, refugios y la vida de miles de animales que nunca aparecerán en las estadísticas.
Después de unos minutos, el macho se acercó a la corza y, con un leve gesto, pareció invitarla a levantarse. Ella lo hizo. Muy despacio. Y ambos desaparecieron entre ramas negras, afiladas como cuchillas, buscando desesperadamente algún rincón donde la vida hubiera conseguido sobrevivir a las llamas.
Hoy comprendí que un incendio forestal no termina cuando se apaga el último foco. Empieza entonces otra batalla, mucho más silenciosa: la de los animales que sobreviven y deben aprender a vivir entre las cenizas. Y esa batalla pocas veces tiene testigos.
Le han vuelto a suspender la cuenta a @nosoloviernes2.
Parece que está acertando demasiado con sus vídeos.
Por cierto, este es el que no quieren que veamos.
¿Retuiteamos?
GAZA YA ES EL AUSCHWITZ DEL SIGLO XXI
680.000 palestinos asesinados, de los cuales 380.000 son niños menores de cinco años. Según Francesca Albanese, relatora de la ONU, esas son las cifras reales del genocidio perpetrado por Israel en Gaza. A esos crímenes hay que sumar 1.581 trabajadores humanitarios muertos, los 346 miembros del personal de la ONU y 252 periodistas. La cifra de periodistas asesinados ya sobrepasa la cifra total de periodistas caídos entre ambas guerras mundiales, la guerra de Vietnam, las de Yugoslavia y la de Afganistán.
Primo Levi, superviviente de Auschwitz y autor de Si esto es un hombre, advirtió que en el futuro podrían surgir nuevos genocidios. No esperaba que Israel, un artefacto creado por el sionismo, una ideología supremacista, fuera el responsable de una nueva matanza. Albanese destaca que el genocidio del pueblo palestino no habría sido posible sin el apoyo de EEUU y Europa. Reino Unido, Francia y Alemania han colaborado estrechamente con el gobierno de Netanyahu, proporcionando armas y justificaciones. A fin de cuentas, Israel se creó para defender los intereses de Occidente en Oriente Medio.
La derecha española ha justificado el genocidio, asegurando en algunos casos que todos los palestinos son terroristas. Ayuso, Feijoo, Almeida y Aznar han rivalizado en indignidad, y el gobierno de Pedro Sánchez ha reaccionado muy tarde. En esta hora trágica, no hay espacio para la templanza. Solo cabe indignarse, alzar la voz y protestar enérgicamente. Los ciudadanos que impidieron el fin de la Vuelta en Madrid nos dignificaron a todos, mostrando que en el siglo XXI aún quedan espíritus críticos e independientes.
Reconocer el Estado palestino es un gesto retórico e inútil, si no se acompaña de medidas contundentes. Las sanciones aprobadas hasta ahora son muy tibias. Todo indica que Israel va a continuar con su plan de crear un Gran Israel. La limpieza étnica de Cisjordania ya está en marcha y no hay que descartar nuevas agresiones contra Líbano, Siria, Irán o Yemen. Estamos viviendo una quiebra del orden internacional similar a la que precedió la Segunda Guerra Mundial. No hay que descartar grandes convulsiones en EEUU. Trump hará todo lo posible por perpetuarse en el poder. El mundo cada vez se parece más a las profecías de Orwell.
#PoemasDeRebeldía
Crecieron las amapolas
(Gloria Fuertes)
Me dijeron:
O te subes al carro
o tendrás que empujarlo.
Ni me subí ni lo empujé.
Me senté en la cuneta
y alrededor de mí,
a su debido tiempo,
brotaron las amapolas.
🖼️ Campo de amapolas, Van Gogh
Le llaman “guerra”, pero no lo es.
Una guerra implica enfrentamiento entre dos bandos con capacidad de lucha.
Pero en Gaza no hay tanques. No hay aviones. No hay artillería.
Solo hay un pueblo sitiado, sin refugio, sin defensa, sin agua ni comida.
Lo llaman “conflicto” para que no lo llames por su nombre.
Pero esto no es un conflicto.
Es un castigo colectivo, un genocidio metódico que avanza misil a misil, escombro a escombro.
Una masacre avalada por los silencios cómplices y las condenas tibias.
Gaza no tiene helicópteros. Tiene madres desesperadas.
No tiene drones armados. Tiene niños enterrados.
No tiene ejército. Tiene un cementerio a cielo abierto.
Le llaman “guerra” porque nombrar la verdad sería insostenible.
Porque decir “genocidio” obligaría a actuar.
Porque decir “crimen” colocaría a los gobiernos occidentales donde deben estar: en el banquillo de los cómplices.
No es una guerra.
Es el exterminio de un pueblo con la complicidad del mundo.
Si Israel ha secuestrado a unos ciudadanos europeos en aguas internacionales, Europa, en legítima defensa, debería convertir Tel Aviv en un solar.
Funciona así, no?
Os recuerdo:
🔴54.000 muertos después
-incluidos 18.000 niños asesinados- y tras una política deliberada de matar de hambre a una población entera, Israel sigue sin recibir una sola sanción por parte de la comunidad internacional.
ISRAEL ASESINA A YAQUEEN HAMMAD, SÍMBOLO DE LA RESISTENCIA Y ESPERANZA EN GAZA
Israel no es la patria de los judíos, sino la última colonia occidental en Oriente Medio. Su creación fue posible gracias a una limpieza étnica y a crímenes de guerra que implicaron la destrucción de decenas de aldeas palestinas. Desde entonces, Israel no ha dejado de cometer crímenes contra la humanidad con el apoyo de EEUU, Reino Unido y la UE. Ayer asesinó a Yaqeen Hammad, una niña palestina de once años que se había hecho famosa por su labor humanitaria y su fortaleza moral. Yaqueen ayudaba los más pequeños, repartiendo comida y sonrisas. Un bombardeo ha segado su vida. Yaqueen es uno de los 17.000 niños palestinos asesinados por Netanyahu y sus esbirros.
Hoy en día, mantener relaciones diplomáticas con Israel es un crimen tan imperdonable como colaborar con la Alemania nazi. Israel no es un proyecto judío, sino una aberración creada por Occidente para proteger sus intereses en Oriente Medio. Occidente ya no puede hablar de derechos humanos, libertad o democracia, pues su complicidad con el genocidio cometido en Gaza ha revelado su verdadera faz. Todos hemos muerto un poco en esa pequeña franja de tierra.
Con Yaqueen, desaparece cualquier ilusión de pertenecer a una sociedad civilizada. Ahora sabemos que Hitler ganó la guerra, pues su inhumanidad sigue muy viva. Sabra, Chatila o Gaza son versiones de Auschwitz. En estos momentos, cualquier persona decente solo puede experimentar rabia, vergüenza e impotencia.
🔴Israel vuelve a reaccionar a la presión internacional acusando de antisemitismo y de apoyar a Hamás a quienes denuncian su ofensiva en Gaza. Y las redes se inundan de perfiles pro israelíes, ultraderechistas y sionistas que repiten el mismo mensaje.
Pero no se trata de odio a Israel: dejad de manipular la realidad.
Se trata de más de 52.000 muertos. De barrios reducidos a escombros. De niños mutilados. De una población que muere de hambre y bajo las bombas.
Se trata de derechos humanos, del respeto al derecho internacional, de la obligación de proteger a los civiles.
Criticarlo no es antisemitismo. Es justicia. Es humanidad.
Es contar lo que el mundo ve en directo: una masacre sistemática, la aniquilación de un pueblo.
Y los periodistas no estamos para mirar hacia otro lado. Estamos para contarlo y para denunciarlo.
2024: UN MUNDO DISTÓPICO
Gaza es un cementerio de niños. 16.500 han sido asesinados por las Fuerzas de Defensa de Israel. Si sumamos los niños desaparecidos, el número de víctimas infantiles se eleva a 21.000. Desde la Segunda Guerra Mundial y los genocidios de Ruanda y Srebrenica, no se había perpetrado una matanza similar. Netanyahu, un despreciable criminal de guerra, ha ordenado bombardear hospitales y escuelas, y ha cerrado el paso a la ayuda humanitaria. Con Trump en la Casa Blanca, el genocidio continuará.
A estas alturas, hablar de democracia y derechos humanos resulta irrisorio. La aldea global en la que vivimos está gobernada por delincuentes como Trump y Netanyahu, y, gracias al desencanto y la manipulación mediática, su popularidad no cesa de crecer. El orden mundial es una verdadera distopía, una pesadilla de la que nos podemos escapar. La ciudadanía que aún conserva la brújula moral ha sido condenada a la impotencia, y resto se ha embrutecido intolerablemente, convirtiéndose en una masa rabiosa. Solo nos quedan los gestos de dignidad de ciudadanos altruistas, como los médicos y periodistas que aún trabajan en Gaza, arriesgando sus vidas, o los jóvenes que han acudido a Valencia para ayudar a las víctimas de las inundaciones. Son gotas de luz en un océano sombrío y pestilente.
Hoy las derechas han cruzado todas las líneas rojas. Repasemos los hechos en este MINIHILO.
1 Intentan linchar al presidente del Gobierno. El PP no solo no condena, sino que algunos de los suyos lo justifican. Vox va más allá y ofrece a sus abogados para defender a los agresores