Me gustaría vivir en una ciudad costera, para cuando me ataque el existencialismo sentarme frente al mar y recordar que en la vida nada es tan inmenso.
es realmente hermoso cuando alguien te sonríe mientras te ve llegar. Primero porque te invita a sentir una ternura inevitable, y segundo porque es un gesto que te asegura que hay un lugar seguro para vos: la mirada sonriente del otro.