A veces, en la cursada, veo a mamás que llegan con sus hijos a clase. Las miro y no puedo evitar sentir admiración. Admiración por su fuerza, por no bajar los brazos y por luchar todos los días para darles un futuro mejor. Son realmente admirables.
Ya estamos grandes para ser malas personas. Vayan a terapia, tráguense un cuarzo, pásense un huevo, respiren profundo; abracen un árbol, vayan al mar, sanen lo que tengan que sanar, pero háganse responsables de lo que son y dejen de joder.
Yo y mis ganas de querer tener toda mi vida resuelta a los 18 me están matando la cabeza... ¿Qué se hace con la presión de tener que tener todo resuelto a esta edad?