Tiene un trastorno por cada dedo de sus manos, es exilio de Mercurio y no existen los números de la suerte para él. Lo sabe, siempre lo ha sabido este tímido soñador mientras el siglo le pasa por encima junto a sus miedos, que cada vez son menos, así como los días de la centuria.
La extraña puntualidad en rectificar o corregir después de decir buenos días o tardes. “Buenos días” (ve el reloj) “son las 11:50, ahh si todavía son días”