Lo metimos en vegetación densa, de esa que no ye hierba: ye una pared verde.
Ahí es donde muchos cortacéspedes empiezan a pedir perdón. El robot ARVIPO siguió entrando, cortando y empujando… hasta que cayó un poste por el camino.
Luego lo pasamos a hierba alta para ver si era casualidad o si de verdad tenía fuerza. Y la sensación fue clara: esto no está pensado para un jardín fino, está pensado para fincas que se complican.
¿Tú lo meterías ahí… o antes llamarías a alguien con desbrozadora?