— No estás obligado a caerles bien ni ellos a ti, simplemente... Soportalos durante las reuniones...
Bajo la mirada por unos segundos y volvió a sus ojos, pero nunca dejó de amasar sus pechos. Se sentó en su silla y esperó que se sentara en su regazo.
No se espero ese toque tan repentino, su cuerpo dio un leve salto.
— S-si... Son los más... Pesados...
Se acerco un poco más a él para que continúe de más cerca.
Con ambas manos la agarró de la cintura, apretándola con algo de fuerza mientras disfrutaba de sus labios. Podía sentir sus pechos contra el suyo y seguramente ella sentiría su erección contra su entrepierna.