No es el Mundial ni el deporte. Es el reflejo de una realidad que muchos mexicanos sienten todos los días. El reto es construir un país donde la fiesta vuelva a ser solamente una fiesta.
Pero cuando la inseguridad, la impunidad y la desconfianza institucional forman parte de la vida cotidiana, es difícil vivir esas celebraciones con la misma alegría.
El verdadero riesgo no es reconocer los problemas, sino normalizarlos. Saltillo merece una visión seria sobre el rumbo que está tomando antes de que las fortalezas que la distinguieron se conviertan en recuerdos.
Saltillo fue durante años referente nacional de seguridad, calidad de vida y desarrollo. Hoy vemos con preocupación un aumento en la percepción de inseguridad, problemas de movilidad, vialidades rebasadas, accidentes, robos y hechos de violencia que antes parecían excepcionales.
Sin embargo, son las autoridades quienes tienen la obligación de anticipar los retos del crecimiento, planear el desarrollo urbano y garantizar condiciones para que Saltillo siga siendo una ciudad segura y competitiva.
La verdadera amenaza a la soberanía no viene del extranjero. Viene de la incapacidad del Estado para cumplir sus obligaciones fundamentales con los mexicanos.
Presidente @Claudiashein la soberanía nacional no es un cheque en blanco. El derecho internacional reconoce excepciones cuando un Estado es incapaz o no está dispuesto a proteger a su población, garantizar la seguridad o mantener el control efectivo de su territorio.
Ver a los candidatos rumbo a la elección en #Coahuila solo deja una sensación de desgaste político: perfiles que no destacan por un proyecto propio, sino por la inercia de estructuras estatales y federales. Mantiene al estado girando en lo mismo de siempre.
Hoy Monclova está de luto. Y más allá de colores, partidos o gobiernos, esto debería obligar a una revisión real de todas las escuelas, porque cuando la negligencia se normaliza, las consecuencias siempre las termina pagando la gente más inocente.
La muerte de un niño de 6 años en un jardín de niños de Monclova no puede reducirse a un simple “accidente”. Cuando una familia deja a sus hijos en una escuela, deposita confianza en todo un sistema que debería garantizar seguridad, supervisión y condiciones dignas.
Un niño no debería morir en el lugar donde iba a aprender, jugar y convivir. Un salón de clases debe ser uno de los espacios más seguros para cualquier familia, no un sitio donde exista miedo de que algo así vuelva a ocurrir.